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GEOGRAFIA URBANA DE EUSKAL-HERRIA:
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ANALISIS Y TEORIAS
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Dr. Fco. JAVIER
GÓMEZ
PIÑEIRO .
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PRIMERA PARTE.
GEOGRAFIA Y TEORIA DE SISTEMAS
.
1. ESTRUCTURALISMO Y TEORIA DE SISTEMAS EN
GEOGRAFIA.
La noción de estructura fue formalizada inicialmente a
partir de las
investigaciones lingüísticas de Saussure (Millet-Varin,
1970), quien designó
con ella la integración de las unidades lingüísticas en un
todo de componentes
solidarios, ninguno de los cuales encuentra significación
fuera de la posición
que ocupa en el conjunto. Con este contenido, el concepto
de estructura ha
sido empleado tanto en lingüística como en otras ciencias
humanas, dando
lugar a una notable variedad de interpretaciones de las
que derivan otras
tantas formas de estructuralismo. De hecho, la oposición
principal entre los
diversos estructuralismos se halla en la consideración de
las estructuras como
«sistemas de transformaciones» o bien como «formas
estáticas intemporales»
(Piaget, 1974)...
El concepto de estructuras en transformación es
frecuentemente asimilado,
explícita o implícitamente, con el de sistema. Sin
embargo, los propios
lingüístas se han esforzado en distinguirlos destacando el
carácter englobante
del sistema respecto a la estructura, hablando de la
«estructura del sistema»
(Simonis). Estructura y sistema son, pues, nociones
complementarias, pero
mientras el análisis de la primera se propone revelar lo
que cada combinatoria
tiene de específico, el del segundo pretende poner de
manifiesto lo que las
diversas combinatorias tienen en común. La Teoría General
de Sistemas
(TGS) afronta, a través del análisis estructural, la
búsqueda de una lógica
general del comportamiento de los contenidos de las
diversas ciencias,
procediendo mediante la ligazón de la lógica particular
del contenido de cada
una de ellas a través de la lógica sin contenido de las
matemáticas
(Racine-Reymond, 1973, citando a Boulding).
Esta búsqueda de relaciones comunes en los «fenómenos de
organización
» subsistentes ha permitido formulaciones precisas del
concepto de
sistema como la que lo considera «un conjunto de elementos
cibernéticamente
ligados en estructuras negentrópicas sucesivas» (Racine-Reymond,
1973).
Esta formulación realizada por geógrafos, indica hasta qué
punto el debate
sobre estructuralismo y la explicitación y desarrollo del
concepto de sistema
pueden ayudar a la Geografía a encontrar un nuevo
paradigma que le permita
superar las limitaciones impuestas por la progresiva
inadecuación de los
paradigmas tradicionales.
2. LA TEORIA GENERAL DE SISTEMAS EN
GEOGRAFIA URBANA
.
2.1. Conceptos básicos de la TGS
La expresión «Teoría General de Sistemas» fue inicialmente
empleada
por el biólogo Von Bertalanffy (1968) para referirse a un
amplio conjunto de
teorías, conceptos, métodos y técnicas de análisis, que
desarrollados en un
largo período de tiempo cuyo origen se remonta al final de
la década de los
treinta, están contribuyendo al desarrollo de una posible
lógica general del
contenido de las ciencias.
Podemos adoptar, por su mayor amplitud y claridad, la
siguiente
definición de sistema: «un conjunto delimitado de
componentes (a) dotados
de ciertas propiedades, atributos o valores, (b) todos los
cuales están en
relaciones directas o indirectas de interdependencia o
acoplamiento, (c)
cumplen unas funciones definidas y (d) están implicados de
algún modo en la
producción de un resultado del conjunto del sistema, por
lo menos en su
mantenimiento» (García Pelayo, 1975).
2.2. Introducción de la TGS en Geografía Urbana
«La introducción en Geografía Urbana del paradigma
sistémico ha tenido
lugar principalmente a través del análisis locacional.
Este se desarrolló, en
una primera etapa, por acumulación de diversas
interpretaciones del comportamiento
locacional humano (Von Thünen, Weber, Christaller, Lösch),
inspiradas en los postulados de la economía neoclásica y
cuyo denominador
común lo constituyen las siguientes afirmaciones: 1.º) las
localizaciones
participan de una condición de equilibrio,
que si es alterado por una
interferencia externa será reemplazado por un nuevo
equilibrio y 2.º) las
decisiones sobre localización son tomadas de forma racional
y optimizante
(Mc Loughlin, 1969).»
«En una segunda etapa, a partir de los años cincuenta, en
la «teoría de las
localizaciones» se advierten como aseveraciones básicas:
1.º) la necesidad de
un sistema de análisis contínuo, 2.º) la importancia de un
sistema que
contemple interacciones entre fenómenos y relaciones de
feed-back, 3.º) la
importancia de una consideración probabilística, mejor que
determinista, de
la interacción humana y 4.º) la reciprocidad entre
programa, propuesta y
acción en la toma de decisiones localizacionistas (Mc
Loughlin, 1969).»
«En el análisis locacional urbano puede seguirse esta
evolución de forma
más precisa. El punto de partida, en este caso, es la
«teoría de lugares
centrales» (Christaller, 1938), definida por su autor como
una teoría general
puramente deductiva, cuyo objeto era explicar el tamaño,
número y distribución
de las ciudades. No obstante, como recuerda Berry (1964),
la teoría del
sistema de ciudades no se nutre exclusivamente de
abstracciones lógicas
como la de Christaller, sino también de generalizaciones
inductivas. Entre
éstas destaca la regla rango-tamaño (rank size rule), que
pone a la población
de una ciudad de determinado rango en función de la
correspondiente a la
ciudad de rango 1 y de una potencia del rango generalmente
igual a -1. Las
primeras interpretaciones de esta regla tendieron a
generalizar la hipótesis de
la existencia de distribuciones rango-tamaño regulares en
países de economías
avanzadas y de distribuciones apuntadas o primaciales en
países poco
evolucionados. Estas hipótesis iniciales han sido
ampliamente discutidas,
puntualizadas y desarrolladas (Capel, 1972 y Lasuén,
1967), pero el paso
fundamental en la aplicación de esta regla se debe a Berry
(1961), quien
aplicó al efecto la hipótesis estocástica de Simon (1955),
según la cual las
distribuciones estadísticas de tipo lognormal son casos
límites de procesos de
crecimiento aleatorio. Sobre esta hipótesis Berry concluye
que la verificación
de la regla rango-tamaño (distribución lognormal)
representa el «estado
estable», que se mantendrá mientras el sistema siga
creciendo y manteniendo
una forma constante (E. Murcia, 1979).»
Más recientemente, Racine-Raymond (1973) han llamado la
atención
sobre las diferencias significativas entre el estudio de
la relación rangotamaño
considerando el segundo como variable dependiente del
rangopostura
inicial y considerando la variable rango dependiente del
tamaño de la
población. Con esta nueva formulación se pretendía una
vuelta a la posible
verificación de una ley determinista rango-tamaño, que
permitiera en alguna
medida actuar directamente sobre el sistema urbano. Sin
embargo, las
conclusiones del intento conducen de nuevo a la aceptación
de la interpretación
sistemática de las distribuciones.
En suma, la Geografía Urbana tiende a afirmarse en el
hecho de que «las
ciudades y los conjuntos de ciudades son
sistemas
susceptibles de los mismos
tipos de análisis que otros sistemas y están
caracterizados por las mismas
generalizaciones, construcciones y modelos» y en el de que
«la teoría urbana
puede ser contemplada como un aspecto de la teoría general
de sistemas»
(Berry, 1964) (E. Murcia, 1979).
3. SISTEMAS URBANOS
Conceptos básicos de la noción de sistema urbano.
Berry (1967), a título de ejemplo de su propio concepto de
sistema, nos
ofrece una sencilla definición de sistema urbano: «Un
sistema es un conjunto
de objetos (por ejemplo, centros urbanos), características
de dichos objetos
(población, establecimientos, tipos de empresas, tráfico
generado), interrrelaciones
entre los objetos (asentamiento de los centros inferiores
en los lugares
intermedios, distribución espacial uniforme en cualquier
nivel dado) y entre
las características (los gráficos de relaciones
logarítmicas) e interdependencias
entre los objetos y sus características (la jerarquía de
los lugares
centrales)».
Los sistemas urbanos son sistemas abiertos y jerárquicos.
Al analizarlos
nos encontraremos siempre en presencia de un conjunto de
elementos
(centros urbanos, unidades de uso del suelo, sistemas de
actividad urbanos),
cada uno de los cuales cumple una determinada función
que interesa a un
cierto espacio o campo.
Las diversas posiciones de los
elementos en el
conjunto configuran una trama
y las relaciones que se establecen
en virtud de
ello definen una estructura.
Todo ello tiene una ‘expresión
física a la que
llamaremos forma.
Finalmente, el sistema es en cada
momento el resultado
de un proceso
diacrónico en el que nada puede
explicarse sin referencia a su
estado en un momento anterior.
A partir de este marco definitorio, el análisis puede
desarrollarse en cuatro
vías complementarias cuyos objetos serán la funcionalidad,
la estructura, el
proceso y la forma del sistema urbano. El
análisis funcional
tiene por objeto
determinar la contribución de los elementos a la
funcionalidad del sistema y la
«posición» (término que aquí no tiene un significado
estrictamente físico,
sino virtual o relativo a la posición de otros elementos)
que ocupan en el
mismo.
Por lo que respecta a la estructura, nos encontramos con
dos tipos de
relaciones estructurales. Las relaciones debidas a una
diferencia potencial
entre puntos del espacio dan una estructura subsecuente,
mientras que las
establecidas entre sistemas de actividad no necesariamente
dotados de una
componente espacial constituyen la estructura consecuente.
El
análisis del proceso
tiene por objeto explicar los
mecanismos que rigen
la evolución del sistema. Por último, la forma
del sistema urbano se define
como el conjunto de los objetos materiales peculiares que
reflejan físicamente
en el espacio las relaciones estructurales que sustentan
la funcionalidad de
aquél, así como el efecto de las vicisitudes de proceso en
el sistema (E.
Murcia, 1979).
SEGUNDA PARTE
EL PROCESO DE URBANIZACION Y LA GEOGRAFIA
URBANA DE EUSKAL HERRIA
INTRODUCCIÓN
Para el estudio y comprensión de la estructura urbana y
del poblamiento
de un territorio deben tenerse en cuenta aspectos básicos
como las formas de
poblamiento, la morfología y disposición de los núcleos y
la evolución de sus
elementos.
En líneas generales, dentro de la misma estructura de
población aparecen
continuamente contrapuestos dos elementos: la ciudad y el
campo, lo urbano
y lo rural y, en cierto modo, lo concentrado y lo
disperso. Es difícil hallar una
fórmula homogénea y global para definir y diferenciar,
conceptualmente y en
la práctica, lo urbano de lo rural. Aunque algunos de los
criterios normalmente
empleados para definir las poblaciones con carácter urbano
son: el volumen
de población, la densidad, su composición y la actividad
económica predominante
o las competencias administrativas y de servicios
públicos.
1. EL PROCESO DE URBANIZACIÓN
Podríamos definir el proceso de urbanización como el
crecimiento
espectacular de un número muy pequeño de ciudades; es lo
que se ha venido
en llamar fenómeno urbano. Este se inicia a finales del
siglo XVIII y se
extiende en el siguiente, siguiendo un desarrollo
progresivo, aunque no
homogéneo, hasta nuestros días, como consecuencia de la
explosión industrial .
El proceso de urbanización lleva consigo la aparicion de nuevos puntos de
concentración de la población y el aumento de tamaño de las
concentraciones
existentes. Desde que aquél se inicia, se desarrolla un
proceso selectivo y, en
consecuencia, una concentración progresiva que son los que
van a provocar, a
partir de un determinado momento, la constitución o
despegue definitivo de la
ciudad como centro urbano dominador.
2. EL POBLAMIENTO EN EL PAÍS VASCO. ANTECEDENTES
Hasta bien avanzada la Edad Media, el poblamiento en la
mayor parte del
País Vasco constituye un enigma. Parece ser que la
presencia romana en él
supuso una época de florecimiento urbano, aunque muy
limitado. Durante
mucho tiempo se mantuvo una situación geopolítica similar
a la del período
romano, pero esta vez respecto de los visigodos, primero,
y de los
musulmanes, después. A pesar de la inexistencia de cifras
concretas, es
probable que Guipúzcoa, Vizcaya y el Norte de Navarra
fuesen zonas
densamente pobladas, a tenor de su resistencia a las
sucesivas invasiones,
desde los romanos a los musulmanes.
En el siglo XII surgen las primeras villas en Guipúzcoa,
Álava y Navarra,
y en los siglos XIII y XIV en Vizcaya. Su fundación
obedece principalmente
a intereses defensivos y económicos de los reyes y grandes
señores. Este
resurgir urbano, que se produce primero en Navarra y
seguido en la costa
guipuzcoana, luego en el interior de Guipúzcoa y Alava y
por fin en Vizcaya,
fue posible, entre otros, por tres factotes fundamentales:
1.º) Crecimiento demográfico. A pesar de la imprecisión de
los datos
hasta el siglo XVI, según Fernández de Pinedo, parecen
evidentes
dos amplios impulsos demográficos a lo largo de la Edad
Media: el
primero desde 1150 hasta 1270, aproximadamente, y el
segundo
desde 1325 a 1350.
2.º) Concentración de la población. Responde en las
distintas zonas del
País a diferentes causas: a un importante crecimiento
natural de la
población que el campo no puede absorber; a un aumento de
la
productividad y de las técnicas agrícolas que liberan mano
de obra o,
simplemente, a un deseo de agrupamiento de la población
para
defenderse de señores o bandidos, o para constituir un
mercado
estable.
3.º) La decisión de crear una villa, o por lo menos de
institucionalizarla,
proviene de la autoridad real o señorial y tiene dos
objetivos básicos:
el militar, por un lado, y el ejercicio de un control
fiscal sobre el
territorio frente al poder de la nobleza rural, por otro.
3. LA LOCALIZACIÓN DE LAS CIUDADES
Localización y función son, sin duda, dos elementos
condordantes en el nacimiento de cualquier ciudad. Julio Caro Baroja nos
muestra 3 tipos de pueblos a los que se ajustan la mayor parte de los
núcleos de población vascos:
1.º) Los situados en una ladera o pendiente sobre un río o arroyo.
2.º) Los asentados en un cerro o meseta, próximos también
a ríos.
3.º) Los que se extienden por la parte baja de vegas y
llanos de mayor o
menor extensión e igualmente regados.
4. EL PAPEL DE LAS VILLAS
4.1. La función militar
La función militar está en el origen de muchos poblados y
villas vascas a
lo largo de la Edad Media. Sin embargo, es preciso
distinguir esta función,
por un lado como defensa de la propia ciudad, y por otro
como defensa de un
territorio (ciudades fortaleza, ciudades guarnición y
ciudades fronterizas).
En el primer caso se encuentran villas como Elgóibar,
Zumaia, Larrabezúa,
Rigoitia, etc., surgidas con el objeto de protegerse de
maleantes y
salteadores, así como de los Parientes Mayores en las
guerras de bandos.
En el segundo caso los ejemplos son numerosos: Vitoria,
Laguardia y
Salvatierra, en Alava; Puentelarreina, Echarri-Aranaz y
Pamplona, en Navarra;
Fuenterrabía, Villafranca, Segura y San Sebastián, en
Guipúzcoa;
Valmaseda y Orduña, en Vizcaya, y Bayona, en Lapurdi.
4.2. La función comercial
Vida urbana y comercio marchan interrelacionadas; no es
posible entender
una ciudad o villa medieval sin la existencia de un
mercado. El mercado
local constituye un lugar de encuentro de población
(urbana y rural) y
mercancías (productos agrícolas y artesanales). Su
localización depende de
las posibilidades de concentración de la oferta y la
demanda en un punto.
La función comercial de la ciudad viene definida no sólo
por su carácter
de centro consumidor, sino sobre todo por el de centro
productor (artesanos) y
exportador; complementándose ambos con objeto de mantener
la importancia
(centralidad) de la ciudad. Sin embargo, las villas
medievales en el País
Vasco eran, en su mayoría, núcleos rurales de actividad
exclusivamente
agrícola. En este mundo escasamente urbanizado nacen las
ferias y mercados
en puntos alejados de los centros de producción (cruces de
caminos...).
Algunos de estos lugares acabarán por convertirse en
núcleos preurbanos, e
incluso de ellos han surgido, en ciertos casos,
importantes ciudades.
5. EL PLANO DE LA CIUDAD
A través de los componentes históricos del plano podemos
estudiar la
localización de los edificios y la estructura social de
las villas, así como su
evolución.
En las villas de la primera época encontramos dos
elementos morfológicos
principales: En primer lugar, la muralla, fundamental
tanto para su
defensa como para su conformación física e institucional y
básica para su
delimitación territorial. Un segundo elemento presente en
el paisaje, tanto
urbano como rural, lo constituyen las iglesias.
J.I. Linazasoro diferencia los siguientes tipos de
ciudades en el País
Vasco:
— La ciudad camino (Burguete, Estella y Villabona).
— Ciudades de planta rectangular, totalmente fortificadas
(Puentelarreina,
Sangüesa, San Sebastián).
— Ciudades de recinto fortificado irregular con dos
parroquias formando
parte de la muralla (Laguardia, Vitoria, Salvatierra).
— Ciudades de una sola iglesia central (Mondragón,
Azpeitia); a este tipo
pertenecen la mayoría de las fundaciones guipuzcoanas.
— Las ciudades vizcaínas, más tardías, forman un grupo
aparte siendo el
tipo más sencillo el de un pequeño número de calles
paralelas sin
estructurar jerárquicamente.
La mayoría de las villas vascas fundadas en la Edad Media
son, en gran
medida, planificadas. Algunas de ellas presentan grandes
similitudes con las
bastidas del sudoeste francés (Durango, Bermeo, Bilbao,
Marquina, Guernica,
Tolosa, Salvatierra), según Leopoldo Torres Balbas.
Quizás las mayores disparidades en el asentamiento de la
población en el
País Vasco se refieran más que al plano de la ciudad, al
modelo de
localización en el contexto geográfico de las distintas
zonas: la costa, zona
pirenaica y valles de montaña, los valles guipuzcoanos y
vizcaínos, la cuenca
de Pamplona y la llanada alavesa, la Rioja y el sur de
Navarra.
Entraremos, aunque superficialmente, en el largo período
que va del siglo
XVI hasta los primeros ensanches de las ciudades vascas en
el XIX. No es
precisamente el crecimiento urbano la tendencia de
población verificada en el
mismo. La profunda crisis económica y las epidemias del
XVII dejaron a la
población a comienzos del XVIII en los mismos niveles de
1500-1550.
Una de las características de esta época es la mejora de
las comunicaciones
entre las ciudades vascas y de éstas con Castilla,
materializada en el
florecimiento del comercio en el siglo XVI. Con la crisis
del XVII el
comercio decae, sobre todo en la costa, produciéndose una
ruralización de la
población. Sin embargo, este retraimiento general no
parece coincidir con el
desarrollo de la construcción a finales del siglo XVII,
especialmente en
Guipúzcoa y Navarra. Son numerosos en esta época los
palacetes y
mansiones señoriales en las zonas rurales.
A partir del primer cuarto del siglo XVIII se inicia una etapa de
renovación urbana. Esta se manifiesta en las plazas y los primeros
ensanches de finales de siglo, dentro de las líneas generales del
clasicismo urbano: la línea recta, la perspectiva monumental y el
programa. Muestra de ello son la
plaza Mayor de Vitoria del arquitecto Olaguibel, las de
San Sebastián y
Bilbao de Silvestre Pérez y la de Tafalla de Martín de
Saracibar.
Entrados en el siglo XIX, el tardío desarrollo industrial
va a afectar al
poblamiento urbano. Hasta el final de la última guerra
carlista ésta podría ser
considerada como una época de transición. En ella del
desarrollo urbano se
centra en los citados ensanches de las capitales y en la
reconstrucción y
posteriores ensanches de San Sebastián. Pero sobre todo en
el crecimiento
industrial, centrado en el área de la desembocadura del
Ibaizábal y en algunas
ciudades guipuzcoanas. La población de Bilbao comienza a
dispararse y tras
ella la de San Sebastián, la cual entre 1877 y 1887 supera
a Pamplona y
Vitoria que apenas crecen.
Por último, debemos señalar que en 1887 solamente las
capitales de
provincia superaban los 10.000 habitantes; ocupando
Navarra por su población
el puesto número 28 entre las provincias del Estado,
Vizcaya el 40,
Guipúzcoa el 45 y Alava el 49.
6. EL CRECIMIENTO URBANO
Los orígenes del crecimiento urbano en el País Vasco hay
que buscarlos
en la industrialización; su evolución y disparidades
anuncian y marcan el
proceso de urbanización. La industrialización y la oferta
de trabajo subsiguiente
son los elementos motores en los casos alavés y vizcaíno
especialmente.
En cambio, el crecimiento de San Sebastián y Bayona hay
que
relacionarlo más estrechamente con el de sus respectivos
hinterlands, como
centros abastecedores y funcionales de un área de la que
son centros
gravitacionales.
7. VARIABLES DEL FENÓMENO DE URBANIZACIÓN
Describiremos ahora la evolución de algunas variables de
las que se
dispone de información estadística y que, de alguna
manera, definen el
fenómeno de urbanización:
7.1. La población activa en el sector primario
La evolución de la población activa dentro del sector
primario en las
cuatro provincias del País Vasco Sur ha pasado del 60% a
comienzos del
siglo, al 11% en 1975. El cambio es más que significativo
ya que en esa fecha
quedaban por debajo del porcentaje estatal, situado en el
23%
La caída de la población activa agrícola va asociada al
descenso de la
población rural. La provincia más afectada en este sentido
ha sido Vizcaya
(—66%), seguida de Alava (—60%) y Navarra (—54%) y. por
último
Guipúzcoa (—19%).
En cuanto al País Vasco Norte, el porcentaje de población
activa agrícola
era del 31,5% en 1954, con una población total de 29.870
habitantes. Para
1962 la población agrícola disminuye en un 25,3% lo que
deja al sector
primario un 26,7% de la población activa; cifra bastante
elevada si la
comparamos con la media del País Vasco Sur.
7.2. La densidad de población
Si examinamos las densidades de población en el País
vasco, salen a la luz
las disparidades existentes en el poblamiento entre las
cuatro provincias del
Sur: Vizcaya y Guipúzcoa, por una lado, y Alava y Navarra,
por otro. Otro
tanto sucede en el País Vasco Continental entre la franja
costera de Lapurdi y
el territorio del interior.
En Alava y Navarra, la densidad de población ha estado
hasta 1960 por
debajo de la media estatal, alcanzando la primera dicha
cifra para 1970 e
iniciando la segunda, a partir de dicha fecha, un
incremento progresivo de la
misma.
Vizcaya, que en 1887 presentaba la misma densidad que
Guipúzcoa, pasa
desde esta fecha a situarse la primera y a ampliar
progresivamente la
diferencia.
En las tres regiones del Norte, el panorama de la dinámica
poblacional es,
en términos globales, de estancamiento a lo largo de todo
el siglo. No
obstante, a partir de 1954 se aprecia un ligero despegue,
a un ritmo muy
lento, inferior incluso al de la Navarra peninsular. Y
esto es debido
únicamente al crecimiento de San Juan de Luz, aglomeración
Bayona-Anglet-
Biarritz y Espelette, en los que la densidad prácticamente
se ha duplicado.
Mientras que las regiones de Zuberoa y Baja Navarra se
quedaban, en 1975,
con densidades en tomo a los 20 habitantes/km.2.
7.3. La concentración de la población
El despegue y la tendencia a la concentración se han
generalizado en todo
el territorio a partir de la segunda mitad del siglo.
Hasta entonces las
diferencias de crecimiento entre núcleos grandes y
pequeños eran importantes
tan sólo en las dos provincias costeras del Sur. En la
actualidad, el
crecimiento urbano está centrado exclusivamente en los
grandes núcleos.
En el caso de Alava, la disparidad de concentración en la
capital y en el
resto de la provincia es muy significativa. En 1950
Vitoria y el Area
Metropolitana de San Sebastián presentaban porcentajes de
concentración
similares, para en 1980 quedarse esta última en un 46%
mientras que Vitoria
alcanzaba el 78% de la población. La concentración en el
Gran Bilbao
alcanza un 79% superando así la proporción de Vitoria.
La evolución de la capital navarra es más parecida a la de
Vitoria que a la
de San Sebastián en cuanto a la tendencia de aumento del
porcentaje de
concentración, pero no en cuanto a su valor. El índice de
Pamplona es 12
puntos superior al de San Sebastián, pero si consideramos
el área metropolitana
donostiarra y la Cuenca de Pamplona, porcentajes se
igualan.
En el País Vasco Continental, el porcentaje de población
en las capitales
ha permanecido prácticamente igual, con la excepción de
Bayona. La
aglomeración Bayona-Anglet-Biarritz concentra en la
actualidad el 60% de la
población de Lapurdi y ésta, a su vez, el 82% de toda la
población del País
Vasco Norte; con lo que se alcanza aquí el 50% del total
de la población.
7.4. Tamaño y número de municipios
El número de municipios en el País Vasco Sur es de 506; de
ellos el 52%
son navarros, el 19% vizcainos, el 16% guipuzcoanos y un
13% pertenecen a
Alava. A comienzos de siglo eran 563, con lo que han
desaparecido 57; 22 en
Alava, 21 en Vizcaya, 9 en Guipúzcoa y 5 en Navarra. Las
causa, en su
mayoría han sido la fusión de pequeños municipios (Alava)
y la absorción de
los pequeños por los municipios grandes (Vizcaya y
Guipúzcoa).
Según el número de habitantes la evolución del número de municipios
presenta las siguientes características:
— ha aumentado el número de los municipios más pequeños, hasta 500
habitantes; en 1970 eran ya 15 los núcleos que no llegaban a los 100
habitantes.
— han aumentado también significativamente los municipios
grandes a
partir de los 500 habitantes: 26 en 1900, 42 en 1950 y 66
en 1970.
— respecto al resto de los grupos, el descenso más
considerable corresponde
a los situados entre 500 y 200 habitantes, que han perdido
112
municipios; entre 2.000 y 5.000 el número de municipios
prácticamente
no ha variado.
El número de comunas en el País Vasco Norte es de 156,
siendo el
despoblamiento la tónica general en la mayoría de ellas.
Han perdido
población en la Baja Navarra el 93% de las comunas, el 89%
de las de
Zuberoa y el 46% de las de Lapurdi. La situación es
crítica para las dos
primeras regiones, pues no poseen ningún centro superior a
los 5.000
habitantes y el 75% del total de comunas de ambas zonas no
alcanzan los 500
habitantes, siendo sólo 5 las que superan los 1.000
habitantes. El panorama
en Lapurdi es totalmente distinto pues aparte de la
aglomeración Bayona-
Anglet-Biarritz, otros siete centros superan los 5.000
habitantes.
7.5. La superficie de los municipios
La superficie municipal media en el País Vasco Peninsular
es de 34,55
km.2,
por debajo de la media del Estado que se sitúa en 55 km.2.
Alava es la
única que supera la media estatal, aunque presenta grandes
disparidades en su
territorio. Municipios como los de las Estribaciones del
Gorbea (81 km.2)
o
de la Llanada (70 km.2)
contrastan con los de la Rioja alavesa (20 km.2).
La media en Navarra es de casi 40 km.2
por municipio, existiendo
grandes
diferencias entre las distintas comarcas. La media más
elevada corresponde a
la Ribera Oriental (83,3 km.2),
frente a la Comarca de Estella (22,24 km.2).
Tanto en Guipúzcoa (23,9 km.2)
como en Vizcaya (22,78 km.2)
la
extensión media es mucho menor, constituyendo las más
bajas de todas las
provincias del Estado. En el área guipuzcoana existen
también diferentes
comarcales, aunque menos importantes que en las
anteriores. Es el caso de la
Cuenca del Deva, con pocos municipios, frente al alto y
medio Oria con un
número elevado de ellos, aunque de pequeño tamaño.
Vizcaya es la provincia más homogénea; únicamente la zona
de las
Encartaciones presenta una media superior a la del País
Vasco. En el resto, la
frecuencia de los municipios es muy alta.
En el País Vasco Norte, la extensión media de las comunas
es sensiblemente
inferior a las ya citadas. Pero hay que tener en cuenta la
existencia de
una entidad administrativa intermedia: el cantón, que en
el Sur equivaldría a
la comarca. Esta situación revela una ocupación más
dispersa y, al mismo
tiempo, más intensiva del territorio.
En cuanto al tamaño únicamente el cantón de St. Palais, en
Baja Navarra,
muestra una dispersión muy por debajo de la del conjunto:
11,3 km.2
frente a
los 28,6 km.2
la cifra más elevada de las
tres regiones que corresponde al
cantón de Baigorry.
8. EL CRECIMIENTO INTERCENSAL DE LA POBLACIÓN
Hasta 1975 únicamente el incremento de la población
navarra había
quedado por debajo de la del conjunto del Estado; aunque
en la década de
1960 a 1970 consiguió superar dicha media. En Alava, el
crecimiento
intercensal fue inferior al de la media estatal hasta el
período 1950-1960, para
convertise en la década siguiente en la provincia de mayor
crecimiento
relativo del Estado, con un aumento del 47% Tendencia que
se mantuvo en la
primera mitad de la década de los 70 y que supera ya
ampliamente el
crecimiento de las otras provincias vascas.
El crecimiento navarro de la década anterior parece, en
cambio, haberse
ralentizado en el mismo período, cayendo por debajo de la
media estatal.
Aunque éste es un fenómeno compartido por el conjunto del
País Vasco.
9. DEL POBLAMIENTO RURAL AL POBLAMIENTO URBANO
En la introducción señalábamos la dificultad para encontrar un criterio
que diferenciase claramente entre población rural y población urbana. A
falta
de otro, utilizaremos el del tamaño de los centros según
el número de
habitantes. Hasta 2.000 clasificaremos los municipios como
rurales; entre
2.000 y 10.000 como intermedios y a partir de esta cifra
como urbanos. Así,
actualmente en el País Vasco Sur se contabilizan
porcentajes del 76% para la
población urbana, 15% para la intermedia y 8% para la
rural; siendo éstos
muy similares a los de Cataluña. En relación al resto del
Estado, en 1970 las
cuatro provincias vascas representaban el 6,7% del total
de la población y
concentraban el 7,6% de la población residente en núcleos
mayores de 10.000
habitantes.
Nos acercaremos ahora a la evolución de la población en
las diferentes
regiones del País, atendiendo a los tres niveles que
distinguíamos al principio:
población rural, intermedia y urbana.
El descenso en términos absolutos de la población rural es
una constante
en todo el País Vasco, siendo Vizcaya la provincia con el
porcentaje de
reducción más elevado.
En el Norte, contrasta la disminución de Baja Navarra y
Zuberoa, que ha
sido muy alta (31%), con la relativamente baja de Lapurdi
(19%).
Aunque al período al que nos referimos va desde 1900 a
1975, el descenso
progresivo de la población rural no comienza en Vizcaya
hasta después de
1940; en Guipúzcoa a partir de 1930, mientras que en Alava
y Navarra se
produce al final de la década de los 50. Un hecho
destacable es que entre 1930
y 1940 Alava y Vizcaya aumentan su población rural, frente
a Navarra, que la
disminuye en un 8%
Entre 1960 y 1970 Navarra reduce su población rural en la
misma
proporción que desde primeros de siglo, y otro tanto
sucede en Alava entre
1970 y 1975. Pero quizá, el contraste más grande se
produce en Vizcaya, en
la que cabría esperar una reducción más adelantada y
rápida. Sin embargo,
hasta 1960 el porcentaje es similar a los de Alava y
Navarra, cayendo entre
1960 y 1970 de una manera espectacular, ya que pasa del
índice 8, en 1960,
al 54 en 1970.
El volumen de población intermedia se ha mantenido en todo
el País
Vasco desde 1970 por encima del índice 100, con algunas
fluctuaciones.
Alcanzando, en el Sur, el índice 129 en 1960, para
descender en 1975 al 110,
mientras que en el Norte se producía un período ascendente
hasta 1968, a
partir del cual se iniciaba el descenso en las tres
regiones.
Por provincias, Navarra es la única que presenta un
crecimiento importante,
especialmente en los períodos de 1940 a 1950 y 1960 a
1970, obteniendo
el índice 150 en 1975.
Vizcaya, por su parte, ha mantenido un índice regular,
aunque con ligeras
fluctuaciones, frente al caso de Guipúzcoa y Alava, que en
1975 retrocedían
un 15% respecto de 1900, cuyas fluctuaciones han sido
grandes, sobre todo
en esta última.
La población urbana ha pasado en el País Vasco Sur del
índice 100 en
1900, al 943 en 1975. Este espectacular crecimiento va
desde el 619 de Alava
al 1.478 de Guipúzcoa. Hasta 1960, Guipúzcoa, Vizcaya,
Navarra y Alava
han prevalecido por este orden en lo que se refiere al
incremento de la
población urbana. Sin embargo, desde 1960 y sobre todo
entre 1970 y 1975 el
orden prácticamente se invierte. Así, mientras la
población total de Alava y
Navarra crece en estos cinco años un 14% y un 3,7%
respectivamente, los
incrementos de población urbana fueron del 25 y 12%
En lo que respecta a la evolución a lo largo del siglo,
podemos diferenciar
los siguientes períodos. Entre 1900 y 1930, la población
urbana creció
fuertemente en Guipúzcoa (221%) y Vizcaya (142%). Durante
la década
siguiente caerá la tasa en Vizcaya, mientras que en
Guipúzcoa seguirá
aumentando. Alava y Navarra, con un crecimiento moderado
hasta 1930,
acelerarán entre 1930 y 1940, para a partir de aquí
moderar las tasas hasta
1960-1970, especialmente Alava. En esta última década la
tasa de crecimiento
de la población urbana alcanzó porcentajes muy elevados en
todas las
provincias: 107% en Alava, 68% en Navarra, 66% en
Guipúzcoa y un 58% en
Vizcaya. Entre 1970 y 1975 las dos primeras continuarán
aumentando,
mientras que se ralentizará en el resto.
La tasa media de crecimiento anual de la población urbana
entre 1900 y
1975 fue del 6,92% en Alava, del 18,3% en Guipúzcoa, del
8,56% en
Navarra y del 12,04% en Vizcaya; las respectivas tasas de
crecimiento de la
población total fueron: 1,91% 3,27% 0,75% y 3,55%
En el País Vasco Norte, únicamente Lapurdi tiene un núcleo
por encima
de los 10.000 habitantes. La evolución de la población
urbana presenta un
período de descenso entre 1931 y 1936 (5%) y dos de fuerte
incremento
1921-1931 (42%) y 1954-1962 (37%). En los últimos quince
años, la tasa es
constante (2% aproximadamente).
Por último, descenderemos a los niveles provincial y
comarcal para
analizar la evolución del índice de urbanización, es
decir, la composición de
la población según los tamaños de los núcleos urbano,
intermedio y rural en
cada área.
La población rural significaba más del 50% en Alava y
Navarra entre
1900 y 1920. Desde el censo de 1930 y hasta 1950, los
porcentajes decrecen
lentamente: 0,35 puntos por año en Alava y 0,45 en
Navarra. A partir de 1960
esta disminución se acelera, pero ahora más rápidamente en
Alava (1% anual)
que en Navarra (0,7% anual). En los últimos cinco años,
mientras en Navarra
prácticamente se estabiliza la proporción de población
rural, en Alava
continúa descendiendo un 1,2% anualmente.
En Guipúzcoa y Vizcaya el porcentaje de población rural a
comienzos de
siglo es del 25% Cabe señalar, sin embargo, que en ambas
zonas y
especialmente en Guipúzcoa habría que sumar como población
rural una parte
importante del nivel intermedio, debido a la dispersión de
las viviendas en
muchos municipios.
En cuanto a la evolución Guipúzcoa y Vizcaya pierden 5 y 6
puntos,
respectivamente, entre 1900 y 1920. En la década siguiente
la población rural
de la primera decrece a un ritmo de 0,5 puntos por año y
la de la segunda a un
0,32. Entre 1930 y 1950 Guipúzcoa mantiene la misma
tendencia, mientras
en Vizcaya ésta cambia entre 1930 y 1940, aumentando 2
puntos. A partir de
1950 los índices continúan disminuyendo en ambas
provincias, pero sobre
todo en Vizcaya. Entre 1970 y 1975 los porcentajes de
población rural son ya
muy bajos: 4,36% en Guipúzcoa y 3,61% en Vizcaya.
Respecto al nivel de población intermedia, la disminución
ha sido
continua en todas las provincias menos en Navarra, que ha
aumentado un
porcentaje elevado a lo largo de todo el siglo. Debemos
destacar también el
período de 1960 a 1970, en el que Guipúzcoa, Alava y
Vizcaya descendieron
11,14 y 8 puntos, respectivamente, en sus porcentajes.
Coincidiendo este
hecho en Alava y Vizcaya con un importante descenso de su
población rural.
La proporción de población urbana ha venido aumentando de
forma
progresiva en todas las provincias, alcanzando el 80% en
Alava, el 82% en
Guipúzcoa, el 86% en Vizcaya, y un 44% del total de la
población en
Navarra. En relación a 1900, estos porcentajes revelan que
dicha proporción
se ha multiplicado por 2,5 en Alava, por 4,2 en Guipúzcoa,
por 4,7 en
Navarra y por 2,4 en Vizcaya.
En cuanto a los períodos de fuerte crecimiento de la
proporción de
población urbana, las cuatro provincias coinciden en la
década de 1960 a
1970 como la de máximo incremento. Destacan también los
períodos de 1900
a 1920 y 1950 a 1960 en Guipúzcoa; entre 1900 y 1940 en
Navarra, las
décadas de 1910 a 1920 y de 1950 a 1960 en Vizcaya y ésta
última también en
Alava.
En conjunto y comparándolo con el País Vasco Sur, el Norte
presenta un
nivel de urbanización bastante inferior. Zuberoa y Baja
Navarra no tienen
población urbana en centros mayores de 10.000 habitantes y
la de los niveles
intermedios es tan sólo del 27% en la primera y del 15% en
la segunda.
Lapurdi, por su parte, muestra una proporción de población
urbana que ha
pasado del 24% en 1901, al 52% en 1975, con dos períodos
de fuerte
crecimiento: 1921-31 y 1954-62 y uno de descenso: 1931-36.
Este último
período es significativo en todo el País Vasco Norte, ya
que en las tres
regiones se constata una disminución de la población en
los núcleos urbanos e
intermedios y el consiguiente aumento de la proporción de
población rural.
10. EL POBLAMIENTO RURAL
En este apartado entraremos en las formas que toma el
poblamiento rural
en las diferentes regiones. Para ello hemos escogido
aquellas comarcas del
País Vasco Sur en las que la proporción de población en
hábitat rural es la
más alta en relación a los conjuntos provinciales.
Dentro del poblamiento rural y desde un punto de vista
geográfico se
distinguen dos categorías: hábitat disperso y hábitat
agrupado. Los condicionantes y características que rodean una y otra forma de
poblamiento son
numerosos. De manera global los agruparemos en:
componentes históricos,
físicos o del territorio y socioeconómicos.
La forma de ocupación del territorio en otras épocas, la
estructura de la
propiedad, las crisis económicas, la realización o no de
la revolución
agrícola, la situación geo-política, las guerras, etc.,
son, entre otros factores
históricos que, en mayor o menos medida, han influido en
la estructura de
poblamiento rural que ahora se nos presenta.
Indudable también la influencia del paisaje en la forma de
poblamiento:
hábitat disperso en las zonas de montaña y hábitat
concentrado en las zonas
llanas.
Por último, los factores socioeconómicos son los que más
claramente
pueden explicar las características del poblamiento rural
disperso y del
concentrado. Dejando a un lado las relaciones campo-ciudad
vemos que
elementos como los medios de transporte, la actividad
agraria y sus productos
(huerta, cereal, ganadería), los sistemas de cultivo
(intensivo o extensivo) y la
estructura de propiedad, entre otros, intervienen en los
movimientos de
concentración-dispersión dentro del mundo rural. Pero,
sobre todo, será el
acercamiento al propio territorio, el estudio sobre el
terreno, lo que nos dará
la clave del porqué de tal o cuál forma de poblamiento.
En el País Vasco Sur, hemos escogido como rurales 16
comarcas: 8
navarras, 4 alavesas, 2 guipuzcoanas y otras 2 vizcaínas.
En conjunto
representan el 60% de la superficie del País, el 12,6% del
total de la
población y el 60% de la población rural. De las 16
comarcas, sólo dos (las
guipuzcoanas) han aumentado su población entre 1970 y
1975, una ha
permanecido estancada (La Barranca) y el resto perdieron
población.
En el caso de Vizcaya y Guipúzcoa, la diferencia
fundamental entre
ambas proviene de la distribución en el territorio de la
población rural. En
Guipúzcoa, casi el 90% de la población rural se concentra
en el Oria Medio y
en el Goiherri, mientras que la característica de las
comarcas vizcaínas
(Encartaciones y Arratia-Nervión) es de despoblamiento en
relación al resto
de la provincia, con lo que el porcentaje alcanzado es
menor.
Alava y Navarra, por su parte, presentan una distribución
más homogénea.En Alava la diferencia entre la proporción de territorio y
el porcentaje de
población en las comarcas rurales es de 6,5 a 1, siendo en
Navarra solamente
de 2,3 a 1.
En el País Vasco Norte, considerado como zonas rurales
Zuberoa y Baja
Navarra, destaca el hecho de que ni tan siquiera la
distribución de la
población rural es homogénea, sino que, al igual que la
población urbana, se
concentra en la región de Lapurdi.
Al principio de este apartado distinguíamos dos categorías
en la ocupación
del espacio rural: el hábitat disperso y el concentrado.
Ahora añadiremos
que cada una de ellas se caracteriza por un elemento
inherente a cada forma
de poblamiento: la primera por el caserío y la segunda por
el pueblo.
Para medir la dispersión de una población utilizaremos,
por un lado, la
proporción de población en núcleos diseminados según la
definición del
Nomenclator de pueblos, así como el número de entidades de
poblamiento
(villas, pueblos, barrios, lugares) por Km2
en cada comarca. De este
modo
observamos que a medida que avanzamos de Norte a Sur
aumenta la
concentración de la población en los núcleos rurales, no
existiendo prácticamente
población dispersa en las comarcas al sur de Pamplona y
Vitoria.
Destaca también la concentración en los valles Pirenaicos
Orientales, a causa
de un más difícil medio geográfico en esta zona montañosa.
Fijándonos ahora en las comarcas rurales de población
agrupada, destaca
la escasa frecuencia de poblamiento en la Ribera
Occidental, donde al igual
que en la Rioja alavesa, no existen casi entidades de
población distintas de los
núcleos que constituyen un municipio-pueblo. Son, por
ello, estas dos
comarcas las más representativas del hábitat agrupado
rural.
10.1. El pueblo-centro
Las áreas rurales presentan algunos pueblos que destacan
sobre el resto y
cumplen el papel de pequeños centros de servicios. En
nuestro territorio
podríamos definir como tales a los centros comarcales. Su
significación es
distinta cuando nos encontramos frente al inicio de un
proceso de crecimiento
industrial.
En el País Vasco Sur, solamente en las comarcas
guipuzcoanas y, en
menor medida, en las Encartaciones, La Barranca y Los
Valles Cantábricos
Navarros existe ese entorno industrial dinamizador de
alguno de los centros
rurales. En el resto, cobra plena validez la figura del
pueblo-centro, que se
distingue de los demás por un mayor número de funciones y
por un volumen
demográfico más grande que se mantiene o decrece en una
tasa menor que el
resto de la comarca.
Los pueblos que tienen este pequeño grado de centralidad
en las comarcas
regulares son los siguientes:
- Rioja alavesa: Oyón, Laguardia, Labastida.
- Valles alaveses: Valdegovía.
- Estribaciones del Gorbea: Aramayona, Villarreal.
- Montaña alavesa: Campezu, Maestu.
- Valles Meridionales navarros: Lecumberri.
- Pirenaicos Centrales: Esteribar.
- Pirenaicos Orientales: Roncal.
- Cuenca Lumbier-Aoiz: Aoiz.
Ninguna de estas comarcas supera los 12.000 habitantes y
sólo Oyón
alcanza los 2.000 habitantes. En este primer grupo, los
pueblos no constituyen
centros funcionales y de servicios, si bien son dentro de
sus comarcas
los de mayor población y, en algunos casos, centros
históricos.
En un segundo grupo entrarían los pueblos-centro con
poblaciones
superiores a los 2.000 habitantes, con un primer nivel de
servicios, una
tendencia demográfica en alza y nuevas actividades
económicas, industriales
o de transformación.
- Ribera Occidental: Lodosa.
- Navarra Media Oriental: Tafalla.
- Valles Cantábricos: Navarra, Lesaca, Vera.
- Encartaciones: Valmaseda.
- Arratia-Nervión: Miravalles, Orduña.
- La Barranca: Alsasua.
- Oria Medio: Tolosa, Andoain.
- Goiherri: Beasain.
Todos ellos no tienen la misma significación dentro del
concepto de
pueblo-centro. Este concepto es menos aplicable en los
casos de Andoain,
Lesaca, Vera y Beasain, ya que constituyen, más bien,
centros de fuerte
especialización industrial, siendo en sus respectivas
comarcas otros núcleos
como Tolosa, Elizondo u Ordizia los que cumplen la función
de interrelacionar
los núcleos rurales de sus respectivas comarcas.
10.2. El caserío
El caserío es, además de una forma de poblamiento, un
sistema de
explotación agrícola, en el que tierra y campesinado
aparecen estrechamente
ligados. Como forma de poblamiento su principal
característica es la
dispersión, el aislamiento geográfico. En la terminología
de Pierre George, se
puede decir que el caserío constituye la muestra por
excelencia de un hábitat
agrícola puro.
El caserío, que conoce una época de expansión en tierras
altas y forestales
en las primeras crisis de la Edad Moderna, se extiende en
la mitad norte del
País Vasco, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa, en las
comarcas de
Llodio y Estribaciones del Gorbea y en los Valles
Cantábricos navarros.
Basándonos en la obra de Miren Etxezarreta (El Caserío
Vasco) pasaremos
a describirlo ahora como unidad de poblamiento. El primer
elemento del
caserío lo constituye la casa: una sola edificación que
contiene vivienda,
granero y cuadra. Se levanta junto a su parcela o en el
centro de ella y ésta es
precisamente la causa de su aislamiento. El segundo es la
tierra, clasificada
en tres niveles diferentes: la huerta, los prados y
pastos, y las tierras
dedicadas a la explotación forestal. Otro elemento es la
ganadería, que ha
aumentado su importancia hasta el punto de que hoy
constituye la actividad
principal de muchos de ellos. Por último, un elemento
perteneciente a su
estructura y que configura su paisaje: las vías de
comunicación, adaptadas ya
en su mayoría a la figura del automóvil.
10.3. La constitución de los núcleos rurales
En relación a la estructura de estos centros nos
encontramos ante tres
situaciones generales. En primer lugar, aquellos centros
históricos con una
estructura urbana bien definida, de planos regulares:
ciudades medievales
como Laguardia y Labastida. En segundo, situamos los
centros agrícolas de
planos irregulares cuyo crecimiento se apoya en aspectos
locacionales como
lugares de paso o pequeños mercados. Un último grupo
constituido por
núcleos de reciente crecimiento, vinculados a la actividad
industrial: en el
Oria Medio, Goiherri, Encartaciones y La Barranca.
Mención aparte merecen las estructuras pluricelulares que
se dan en los
Valles navarros y también en algunos vizcaínos, donde
predomina el
poblamiento disperso. En su mayoría se trata de pequeños
enclaves asociados
a una iglesia, mansión señorial o a un grupo de caseríos.
El núcleo principal
está siempre ligado al paso de la carretera y se
convertirá en el centro de
servicios y transportes.
11. LA FRANJA RURAL-URBANA
La expansión de la ciudad ha creado este concepto, que
podríamos definir
como un espacio en el que el poblamiento urbano presenta
características
distintas en cuanto a valores y usos del suelo en relación
a la existencia del
ente urbano. Es además un espacio que va a ocupar la
ciudad en su inmediato
crecimiento y donde la urbanización choca con el hábitat
rural.
Desde el punto de vista geográfico es un espacio dinámico,
en constante
cambio. Su característica principal proviene de la
movilidad que actividades y
personas tienen en la franja, siendo por ello una zona de
contrastes. Esta falta
de concreción teórica y la naturaleza cambiante de este
espacio dificultan la
tarea de delimitar la franja rural-urbana en las ciudades.
Sin embargo, la
forma más clara de identificar la misma proviene de su
propia denominación,
es decir, de la existencia de contacto entre un hábitat
rural y urbano:
explotaciones agrícolas junto a fábricas, colegios u
hospitales.
En el País Vasco éste no es un concepto aplicable
solamente a las
aglomeraciones urbanas de Bilbao, San Sebastián, Vitoria,
Pamplona y
Bayona, sino que también podrían definirse espacios
similares en Durango,
Llodio, Eibar, Mondragón, Tudela, etc.
12. EL POBLAMIENTO URBANO
En este apartado nos centraremos especialmente en los
aspectos relacionados
con las poblaciones urbanas, su crecimiento y significado
en el País
Vasco.
La ciudad constituye para nosotros la expresión tangible
del concepto más
abstracto de urbanismo. En este sentido, la forma, las
funciones y el
desarrollo de las ciudades vascas serán los aspectos
concretos sobre los que
alternaremos visiones generales y ejemplos concretos.
Tomando como punto de referencia la industrialización
podemos plantear
una división de etapas, tanto en cuanto al crecimiento de
las ciudades como
sobre todo a la forma del mismo.
12.1. El crecimiento urbano
En Alava, la primacía de Vitoria alcanza al 78% de la
población, siendo la
Comarca Cantábrica la única de Alava que, junto a la
Llanada, está
industrializada. El resto de las comarcas son
predominantemente. rurales y
ningún municipio sobrepasa los 2.000 habitantes. La
población activa en el
sector primario se sitúa entre el 40% y el 50% en las
comarcas del sur y el
23% en las Estribaciones del Gorbea.
En la estructura espacial vizcaína sobresale una comarca
monstruo, en la
que sólo dos ciudades (Bilbao y Baracaldo) sobrepasan el
50% de la
población provincial. En contraste con el Gran Bilbao, el
resto de las
comarcas presentan una estructura de poblamiento más
dispersa, a pesar de
que Durango y Guernica son centros comarcales de cierta
entidad.
La red urbana de Navarra muestra una estructura espacial
en transformación,
en la que la capital aumenta su primacía sobre el resto de
la provincia.
Su principal característica es la ausencia de pequeñas
ciudades intermedias
capaces de organizar espacios funcionales fuera de la
Cuenca de Pamplona. Únicamente la Ribera y la Navarra Media Occidental
presentan núcleos
funcionales: Tudela, Estella y Tafalla, que jerarquizan la
estructura urbana de
sus respectivas comarcas. En el resto de las zonas la
estructura es tan
atomizada que impide la creación de espacios comarcales
jerarquizados y
funcionales.
Guipúzcoa, por el contrario, posee una estructura espacial
bien jerarquizada
y regular, configurando un conjunto provincial de
dispersión aceptable.
12.2. Las formas de crecimiento
Su descripción admite diversos enfoques; los más generales
son: los
funcionalistas, centrados en la división de la ciudad por
funciones, es decir,
su especialización y crecimiento; el análisis de la
localización de las ciudades,
su evolución, elementos morfológicos y el estudio del
plano; y por último el
histórico. De alguna manera los dos últimos enfoques han
sido ya tratados en
el presente trabajo, por lo que nos ceñiremos aquí al
primero de ellos.
La concentración y la especialización son los dos
elementos inherentes al
proceso de urbanización. En cuanto al proceso de
especialización podemos
establecer una clasificación de las ciudades en base a sus
distintas funciones.
— Ciudades que constituyen principalmente centros
administrativos,
profesionales y comerciales (Bilbao, San Sebastián,
Pamplona, Vitoria,
Bayona).
— Centros comerciales con alguna industria (Guernica,
Estella, Tudela,
Azpeitia, Azcoitia, Mondragón, Irún, Tolosa).
— Ciudades y núcleos suburbanos de marcado carácter
industrial —industria
pesada— (Baracaldo, Portugalete, Sestao, Durango,
Zumárraga,
Eibar, Anglet).
— Principales núcleos residenciales (Guecho) y otros más
pequeños de
carácter turístico y residencial para clases altas
(Fuenterrabía, Zarauz,
Plencia, Biarritz).
— Núcleos residenciales exclusivos de clases medias y
bajas (Lejona,
Ermua).
— Núcleos suburbanos principalmente residenciales, pero
con un importante
componente industrial (Basauri, Galdácano, Amorebieta,
Elgóibar,
Rentería, Beasain, Andoain, Llodio).
El País Vasco presenta cinco puntos de concentración
industrial y urbana,
todos ellos en tomo a las capitales administrativas
regionales. Si no
consideramos los núcleos industriales que forman parte de
las Areas Metropolitanas
de las capitales, Alava posee un único centro de
concentración de este
tipo, Navarra 2, Vizcaya 5 y Guipúzcoa 10.
12.3. La primacía de las ciudades
Como sistema de comparar la concentración relativa y la
jerarquía entre
las cinco regiones hemos elaborado un índice de primacía
de la ciudad
principal en cada caso.
Fijándonos primero en el conjunto del País Vasco, se
observa como el
índice de primacía se ha mantenido en alza hasta 1960 en
que aparece una
tendencia clara de descenso de la primacía de Bilbao. En
la década bélica, la
primacía de la capital vizcaína desciende casi tres
puntos, indicando que ésta
se vio afectada por dicho conflicto en mayor medida que el
resto de las
capitales del País Vasco. En cuanto a los niveles
provinciales, Bilbao y San
Sebastián han llevado una evolución similar: Bilbao crece
hasta 1950 no muy
deprisa y cae desde entonces; San Sebastián crece
fuertemente hasta 1940,
alcanzando casi el nivel de primacía de Bilbao, para a
partir de aquí descender
rápidamente hasta la actualidad.
Contrariamente a lo que pudiera pensarse el mayor índice
de primacía
corresponde a Vitoria, aunque desde 1920 ha crecido poco,
manteniéndose
prácticamente estable. En el caso de Pamplona, el
crecimiento del índice de
primacía fue espectacular entre 1920 y 1950.
Posteriormente muestra un
trazado irregular y probablemente una tendencia de
descenso; no obstante, su
índice es bastante superior a los de Bilbao y San
Sebastián.
La evolución del índice de Bayona es irregular; la
tendencia general es de
descenso, ya que tanto Anglet como Biarritz crecen más
rápidamente que
ella.
12.4. Los ensanches
A finales del pasado siglo y a lo largo del actual se
suceden los ensanches
en las principales ciudades vascas, que constituyen un
modelo de crecimiento
urbano dirigido y ordenado. Estos primeros ensanches han
formado en las
cinco capitales los actuales distintos centrales de
negocios, conocidos por el
término anglosajón de «CBD».
En cierto modo, el tamaño de los sucesivos ensanches está
en función del
tamaño urbano y de la expansión prevista en ese momento
para la ciudad. De
la misma manera y desde el punto de vista funcional, las
necesidades y los
valores del suelo vendrán determinados en cada caso por el
crecimiento de la
Banca principalmente y de las funciones terciarias. En
este sentido la
especialización funcional del ensanche como centro de
servicios financieros y
comerciales se produce de manera rápida sólo en Bilbao. En
los restantes, la
delimitación del área de servicios viene determinada por
la construcción de
edificios de carácter público.
A pesar de ciertas diferencias, todos los ensanches
generalizan el plano en
cuadrícula, cuyo perímetro se adapta en cada caso a la
forma física del
territorio.
12.5 El crecimiento suburbano
Paralelamente al desarrollo de las capitales se produce en
Bilbao y, en
mucha menor medida, en San Sebastián, un espectacular
crecimiento
suburbano, como consecuencia de la rapidez y del tipo de
industrialización en
ambas zonas. La ciudad crece entones en la periferia y es
aquí donde el
urbanismo presenta la cara opuesta del ensanche de la
ciudad central.
La segregación social espacial tiene un claro ejemplo en
el Area
Metropolitana de Bilbao: la especialización residencial y
de esparcimiento
para clases medias-altas en la margen derecha supone,
frente a las aglomeraciones
urbanas, especialmente degradadas de la margen opuesta,
uno de los
mayores contrastes urbanos del País.
En las Areas Metropolitana de Bilbao, San Sebastián y
Bayona el
crecimiento de los núcleos suburbanos es superior al de
las ciudades
centrales. Este fenómeno no va más allá del volumen de
población ya que, a
falta de núcleos descentralizadores, la ciudad central
aglutina los servicios
urbanos y las funciones terciarias, provocando un alza
constante del valor del
suelo. Lo que a su vez motiva la expulsión de esta área de
actividades
secundarias, residenciales y comerciales inferiores.
En Pamplona y, sobre todo, en Vitoria, no se plantea el
crecimiento
urbano a partir de los centros suburbanos. Así, frente a
la dualidad de los
núcleos suburbanos de Vizcaya y Guipúzcoa, que tienden a
una especialización
residencial (ciudades dormitorio) o industrial, éstas
capitales muestran
un crecimiento en mancha de aceite, en el que el espacio
queda especializado
por zonas concéntricas y por sectores.
Por último, señalar la importancia de las vías de
transporte (autopistas,
variantes y circunvalaciones) dentro del paisaje urbano,
ya que su construcción
y trazado inciden especialmente en el crecimiento de los
centros
suburbanos.
12.6. El crecimiento de la ciudad
Podemos diferenciar dos niveles en el crecimiento de la
ciudad: por un
lado, la ciudad crece a través de la extensión de su
tejido urbano y, por otro,
como consecuencia de la renovación urbana.
Junto al aumento del volumen edificado y el incremento de
la densidad, la
renovación urbana provoca también una transformación
funcional de las
distintas áreas urbanas. Esta se manifiesta, además de en
los cambios lógicos
producidos por el desarrollo tecnológico, de consumo,
etc., en la tendencia a
la sectorialización de las actividades urbanas y a la
especialización de las
diferentes áreas en alguna o algunas de ellas.
Pero fundamentalmente, la pauta de crecimiento viene
marcada por la
extensión de la ciudad. En este sentido, el crecimiento
actual aparece muy
limitado tanto en Bilbao como en San Sebastián, e
igualmente en muchos
otros núcleos de ambas áreas metropolitanas.
Centrándonos en el crecimiento del casco urbano, el
esquema del
ensanche ha tenido que adaptarse a los nuevos
condicionantes urbanos,
especialmente al transporte en general y al automóvil en
particular. La
armonía que, hasta cierto punto, le caracterizaba ha
quedado rota por el
crecimiento descontrolado que se generaliza a partir de
1960, cambiando
totalmente el paisaje y la imagen de la ciudad. Elementos
como el aumento de
densidad, las manzanas abiertas, la incidencia del
automóvil, la falta de
espacios verdes, las deficiencias en la provisión de los
equipamientos
públicos y la carencia de subcentros urbanos configuran
este nuevo urbanismo.
EVOLUCION DE LA POBLACION EN EL PAIS VASCO 1900-1975
1900 base 100
| Población |
1900 |
1910 |
1920 |
1930 |
1940 |
1950 |
1960 |
1970 |
1975 |
| Urbana |
100 |
125 |
181 |
232 |
290 |
342 |
409 |
823 |
943 |
| Intermedia |
100 |
108 |
106 |
118 |
112 |
120 |
129 |
110 |
110 |
| Rural |
100 |
98 |
99 |
96 |
93 |
88 |
80 |
66 |
61 |
| Total |
100 |
108 |
120 |
136 |
145 |
158 |
195 |
255 |
280 |
NIVEL DE URBANIZACION EN EL PAIS VASCO 1900-1975
(% sobre población total)
|
Población |
1900 |
1910 |
1920 |
1930 |
1940 |
1950 |
1960 |
1970 |
1975 |
|
Urbana |
22,67 |
26,19 |
34,22 |
38,73 |
45,19 |
48,87 |
58,13 |
73,19 |
76,23 |
|
Intermedia |
39,68 |
39,69 |
34,86 |
31,52 |
30,68 |
30,20 |
26,33 |
17,09 |
15,64 |
|
Rural |
37,65 |
34,12 |
30,92 |
26,75 |
24,13 |
20,93 |
15,54 |
9,72 |
8,13 |
| |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
NIVEL DE URBANIZACION EN ESPAÑA 1900-1970
(% sobre población total)
| Población |
1900 |
1910 |
1920 |
1930 |
1940 |
1950 |
1960 |
1970 |
| Urbana |
32,20 |
35,00 |
38,69 |
42,87 |
48,81 |
52,08 |
56,78 |
66,48 |
| Intermedia |
40,26 |
39,52 |
38,10 |
36,63 |
32,83 |
31,18 |
28,70 |
22,52 |
| Rural |
27,54 |
25,48 |
23,21 |
20,50 |
18,36 |
16,74 |
14,52 |
11,00 |
| |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
Fuente: Elaboración propia a partir de los censos del INE.
|
LOCALIZACION DE LOS MUNICIPIOS Y COMUNAS
MENORES DE 1.000 HABITANTES

En el mapa podemos observar las siguientes zonas en las
que predominan los municipios de
escasa población: en Guipúzcoa la cuenca de Oria; en Alava
la Rioja; en Navarra la tierra de
Estella, la zona pirenaica y también la Cuenca de
Pamplona; en Vizcaya las zonas de Mungía
y Gernica; y en el País Vasco Norte todas las comarcas de
interior. Por el contrario, destacan
como áreas en las que los núcleos son mayores de 1.000
habitantes: la Ribera Navarra, la
comarca Cantábrica y las Estribaciones del Gorbea en Alava, el Gran
Bilbao, |
TERCERAPARTE
EL SISTEMA URBANO VASCO
INTRODUCCION
El sistema se define como un conjunto de objetos más las
relaciones entre
esos objetos y entre los atributos de los mismos. Un
conjunto de ciudades y
asentamientos humanos que establecen relaciones entre sí,
de forma más o
menos permanente, constituyen un sistema urbano. En
nuestro caso, los
objetos son las ciudades; sus atributos el tamaño,
población, forma, tipo de
funciones y actividades que realizan. Las relaciones son
la posición de las
ciudades en el espacio, el número de ciudades de cada
tamaño que hay en el
sistema, las complementariedades funcionales, las
interacciones y flujos y la
jerarquía y grado de dependencia entre las ciudades del
sistema.
Para cuantificar las relaciones entre ciudades, o, lo que
es lo mismo, la
estructura del sistema urbano, se utilizan diversos
indicadores: índice
rango-tamaño (que cuantifica la distribución por tamaños),
índice de Clark-
Evans (que cuantifica la distribución espacial), e índice
Nelson (que cuantifica
la distribución funcional del sistema).
El estudio de los diferentes sistemas urbanos corresponde
a diversas
ciencias, según se trate de relaciones de tipo económico,
social, cultural,
tecnológico, etc. Sin embargo, las relaciones más
frecuentemente estudiadas
han sido las económicas. Por ello, gran parte de la teoría
de sistemas urbanos
ha sido desarrollada por economistas (teoría
económico-espacial), aunque los
modelos actualmente más significativos y los más
universalizados deben su
origen a estudios geográficos.
Con sus trabajos, los geógrafos han puesto de manifiesto la insuficiencia
de los modelos puramente económicos. En los análisis geográficos de los
sistemas urbanos nos interesa considerar todo tipo de relaciones entre
los
asentamientos humanos. Nosotros tenemos en cuenta todos
los valores y
elementos que configuran la vida de la ciudad. Hablamos de
sus funciones,
establecemos una jerarquía urbana que definirá la
estructura interna del
sistema y utilizamos el concepto de centralidad como la
capacidad de
atracción que tiene un núcleo urbano dentro de una región.
1. EL SISTEMA URBANO DEL PAÍS VASCO
Y EL ANÁLISIS REGIONAL
Si consideramos el País Vasco en conjunto, observamos que,
debido a la
frontera internacional, todo el territorio no se encuentra
integrado en un único
sistema urbano. Sin embargo, a pesar de este
condicionante, las relaciones
entre ambos lados de la frontera son muy intensas,
especialmente entre las
Areas Metropolitanas o Comarcas de San Sebastián y Bayona.
En el País Vasco Continental encontramos dos áreas de
influencia: la de
Bayona y la de la antigua capital bearnesa de Pau.
En el País Vasco Peninsualr, las ciudades de Vizcaya y
Guipúzcoa ejercen
su influencia en sectores de La Rioja, Santander, Burgos,
Alava y Navarra.
De aquí que Ferrer y Precedo hablen en sus trabajos del
«sistema urbano
vasco-periferia».
Los estudios sobre sistemas urbanos han sido muy variados
y complejos,
y se relacionan muy directamente con el tema de la
regionalización. En este
sentido podemos afirmar que el análisis de sistemas
urbanos aporta los
principales criterios para una regionalización funcional.
Los estudios que utilizaban el prisma de la economía
partían del concepto
de «polo de crecimiento» de Perroux o del de
«polarización», de Boudeville.
La concentración urbana de Guipúzcoa y Vizcaya quedaba
explicada por el
rápido crecimiento durante este siglo de las actividades
fabriles en el Valle del
Nervión, y dentro del área guipuzcoana, en el Valle del
Deva, Goiherri y
zona próxima a la capital, sobre todo en las últimas
décadas.
Las regiones urbanas de Vizcaya y Guipúzcoa, en el período
de mayor
crecimiento (1950-1970), ejercían un efecto difusor («spread»)
del desarrollo
sobre su periferia regional, así como otro degradante y
regresivo («backwash
») sobre sus entornos más próximos, despoblando las áreas
rurales y
aumentando las diferencias entre la renta per cápita de la
zona urbana y de la
rural.
Aparte de los trabajos en este sentido de Sáenz de Buruaga,
recordamos
aquí los de Perpiña Grau, quien utilizó una terminología
propia para señalar
las diferencias de concentración de la población. Así nos
habla de la dasicora
vasca (Vizcaya y Guipúzcoa), como áreas de alta densidad
urbano-industrial,
de la aerocora próxima (Alava, Santander, Oviedo) y de una
zona «alejada»,
desde un punto de vista funcional y no físico; integrada
por Navarra, Logroño
y Burgos.
Otra aportación reciente es la teoría centro-periferia de
Friedmann, que no
parece que pueda aplicarse claramente en el caso del País
Vasco, ya que la
densidad de poblamiento y las ligazones industriales entre
los distintos
núcleos, especialmente en la industria del hierro,
existían antes del proceso de
urbanización e industrialización modernos. Baste recordar
el caso de las
ferrerías, la industria armera del Valle del Deva y la
minería de la
Encartaciones. La aparición de subcentros, y su
articulación en el sistema
urbano del País no presenta tampoco en Vizcaya y Guipúzcoa
las características
señaladas por este autor.
La teoría centro-periferia tiene sentido aquí si
consideramos a Vizcaya y
Guipúzcoa como regiones nodales, a partir de las cuales se
difunden las
innovaciones tecnológicas. De este modo, gran parte de la
industria localizada
en los diversos polígonos industriales vitorianos tendría
su origen en el
valle del Deva.
En los últimos años se han introducido métodos que
permiten considerar
un gran número de variables. Entre ellos destaca el de la
taxonomía numérica
y el análisis factorial. Siguiendo este último Rusines
concluye en una región
comprendida por Guipúzcoa, Alava, Vizcaya, Navarra,
Logroño y Burgos,
mientras que Aznar distingue una región nodal formada por
Alava, Guipúzcoa
y Vizcaya, y una periferia comprendida por Santander,
Burgos, Logroño
y Navarra.
En el estado francés las regionalizaciones de tipo
administrativo tienen
una mayor implantación que las de tipo histórico. En el
caso del País Vasco
Norte, estos límites administrativos suponen una traba
importantísima para la
integración urbana, ya que está incluido en el
departamento de los Pirineos
Atlánticos que pertenece, a su vez, a la región de
Aquitania y está además
dividido en tres distritos.
Desde el punto de vista urbano el territorio del Norte
tiene algunas
características de región periférica, según los criterios
de la ciencia regional:
fuertes dependencias del sector terciario de otros
núcleos, tamaños urbanos
mínimos, alto porcentaje de dedicación agrícola en Baja
Navarra y Zuberoa.
Dejando a un lado la concentración del área metropolitana
de Bayona, en la
que se localiza casi todo el peso industrial, la
especialización más destacable
corresponde al turismo.
2. LA FORMACIÓN DEL SISTEMA:
CONDICIONANTES HISTÓRICOS
Un rasgo común a todos los sistemas urbanos es la
modernidad. En el
pasado, en la medida en que existían interrelaciones entre
las ciudades,
podemos hablar de sistema urbano, pero teniendo en cuenta
que los sistemas
son más consistentes y están más integrados conforme
avanza el progreso
técnico.
En nuestro marco geográfico la urbanización es tardía con
respecto a otras
regiones europeas. El proceso de fundación de las villas
vascas se remonta tan
sólo a la Baja Edad Media, dentro de la política
repobladora y planificadora
de los monarcas y con finalidades defensivas, económicas,
comerciales, etc.
A pesar de los conflictos entre los habitantes de las
villas y los de la «tierra
llana», pronto los primeros ejercieron el control político
del territorio.
La aparición de estas villas condicionó las formas urbanas
que van a
caracterizar al País Vasco actual, siendo la base del
proceso de urbanización
que irrumpirá claramente a mediados del XIX con el
despegue demográfico.
En esos momentos, existía ya en la costa una estructura de
asentamientos
cuya densidad y funciones fabriles permite hablar de una
escala urbana» de
relaciones. Aunque los núcleos eran de pequeño tamaño, su
abundancia y
concentración suponía un potencial favorable al
surgimiento de una vida
urbana intensa. Va a ser precisamente aquí, en la zona de
mayor densidad de
poblamiento, donde van a surgir las ciudades a la larga
más importantes, con
un mayor número de funciones urbanas y con una mayor
actividad fabril.
Podemos resumir en dos los condicionantes históricos de la
formación del
sistema urbano vasco: la fundación de villas medievales y
el impacto de la
industrialización en las provincias costeras.
3. ESTRUCTURA DEMOGRÁFICO-ESPACIAL
La incidencia de la industria moderna en este sistema
urbano produjo un
cambio notable en la distribución rango-tamaño en toda la
estructura urbana.
Este fue especialmente significativo en las regiones
costeras durante el
período de 1875 a 1900, con la primacía de Bilbao.
En la actualidad, el sistema urbano del País Vasco tiene
una estructura
demográfico-espacial con una primacía de poco resalte
encabezada por
Bilbao y a la que siguen las Comarcas o Áreas
Metropolitanas de San
Sebastián, Pamplona, Vitoria y Bayona. Se trata de una
distribución muy
próxima a la de la regla rango-tamaño, con tendencia a una
distribución de
tipo binario, ternario, etc., en su evolución temporal,
conforme las capitales
que ocupan los puestos 2.º 3.º 4.º y 5.º en la jerarquía
urbana pueden ir
adquiriendo tamaños semejantes.
A pesar de que esta jerarquía urbana ha parecido óptima a
muchos
especialistas, las estructuras urbanas subregionales no
presentan estas características
si analizamos una por una las distribuciones de cada
provincia.
En Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi los núcleos urbanos
tienden a unirse
físicamente, apareciendo en ocasiones como algo continuo,
de tal manera que
las divisiones administrativas municipales no se
corresponden con la realidad
de las unidades urbanas. Por ello, los límites de estas
áreas metropolitanas
son tan difíciles de fijar.
Si descendemos a la escala subregional, las estructuras
demográfico-espaciales se hacen más diversas. Si consideramos el área
metropolitana de
Bilbao como unidad demográfica nos daría una distribución
con una primacía
muy marcada. Por el contrario, si consideramos a Vizcaya
sin los municipios
integrantes de dicha área resultaría una distribución
semejante a la de los
sistemas urbanos de regiones agrarias.
En Guipúzcoa tendríamos una distribución primada si
agrupásemos los
ocho municipios del área metropolitana de San Sebastián; y
en Lapurdi los de
Bayona-Anglet-Biarritz. Sin realizar estas agrupaciones,
la distribución es
ligeramente primada en Guipúzcoa y en el caso de Lapurdi
se asemeja más a
una distribución ajustada a la regla rango-tamaño.
Las distribuciones de ciudades de Alava y Navarra son de
marcada
primacía, mientras que Baja Navarra y Soule representan
subsistemas
agrarios en los que el núcleo mayor tiene un peso
demográfico de poca
relevancia.
4. JERARQUIA URBANA Y AREAS DE INFLUENCIA
Desde los comienzos de la industrialización hasta la
década de los 70, la
tendencia ha sido hacia una mayor jerarquización. A partir
de 1970 se
ralentiza el proceso y el crecimiento de las ciudades de
la vertiente atlántica
ha sido menor del esperado.
En la actual jerarquía urbana hay distintos niveles: en el
primero se halla
el Area Metropolitana de Bilbao, en el segundo las de San
Sebastián, Vitoria,
Pamplona y Bayona, en el tercero encontramos núcleos como
Eibar, Irún,
Bermeo, Durango, Alsasua, Tudela, Tafalla, Tolosa, etc.,
en el cuarto nivel
se integran Elgóibar, Zarauz, Azpeitia, Azcoitia, Llodio,
Amurrio, Balmaseda,
Salvatierra, etc. y así sucesivamente se irán agregando
pequeños núcleos
que giran en torno a los centros anteriores.
Si comparamos este sistema urbano con los modelos de
Christaller y de
Losch, vemos que presenta mayores semejanzas con el de
este último. Losch
parte, al igual que Christaller, de un espacio isotrópico
en el que sitúa los
lugares centrales con sus respectivas áreas de influencia
hexagonales; pero
hace coincidir en un único punto (ciudad) todos los tipos
de bienes y
servicios. Y sobre este punto hace girar, superpuestos los
distintos tramos de
áreas de influencia correspondiente a cada tipo de lugar
central, hasta lograr
que todos los bienes y servicios se concentren en el menor
número posible de
puntos (ciudades). El esquema resultante fue el de unos
sectores que,
partiendo de la primera ciudad, concentraban mayor número
de bienes y
servicios, mientras que los sectores que alternaban con
éstos concentraban
muy pocos. Losch llamó a este esquema de «ciudades ricas y
ciudades
pobres», en el que los niveles ya no eran un número fijo,
como en Christaller,
sino toda la combinación posible de bienes y servicios.
Aún advirtiendo mayores semejanzas con el modelo de Losch, creemos que es
un intento inútil querer encontrar regularidades geométricas en un
espacio geográfico concreto. Sin embargo las ideas de área
de influencia, área
de mercado, jerarquía urbana y grado de centralidad son
útiles para establecer
comparaciones entre los sistemas urbanos, al tiempo que
posibilitan una
mejor comprensión de los mismos, de su estructura,
mecanismos de formación
y evolución.
Volviendo al caso concreto del sistema urbano del País
Vasco, gran parte
de los núcleos urbanos quedan bajo la influencia de las
capitales, pero hay
otros, situados más en la periferia (zona Sur de Alava y
la Ribera de Navarra)
que escapan del espacio vasco, pasando a depender de
Miranda de Ebro y
Logroño.
En lo que respecta a las relaciones entre las ciudades
principales, en
primer término se sitúan las de Bilbao, San Sebastián y
Bayona, unidas
estrechamente por los actuales ejes de comunicación. En un
segundo lugar se
encuentran las de Bilbao y Vitoria, por un lado, y las de
San Sebastián y
Pamplona, por otro. Y en un tercer nivel se hallan los
importantes flujos
producidos entre el Valle Medio del Deva (Eibar-Elgóibar)
y el Valle del
Ibaizábal (Durango-Elorrio), y entre el Alto Deva
(Mondragón-Oñate) y
Vitoria. Existen también flujos importantes entre la zona
noroeste de Navarra
(Lesaca, Vera...) y las comarcas de San Sebastián y el
Bajo Bidasoa
(Irún-Fuenterrabía), mientras que Alsasua, en la Burunda,
establece relaciones
con el Alto Urola y Goiherri.
Dentro del actual marco autonómico, la tendencia se dirige
hacia una
mayor descentralización de las funciones terciarias y
cuaternarias. La
administración vasca tiene su capitalidad en Vitoria, lo
que sin duda
contribuirá a potenciar especialmente el sector
cuaternario de esta ciudad. El
actual empeño es seguir manteniendo el papel industrial de
Bilbao, el
proyecto del Superpuerto y la ampliación de Sondica, en
competencia con
Foronda, auguran un incierto futuro no sólo para la
capital vizcaína sino para
toda la política de ordenación del territorio vasco. Al
quedar Navarra fuera de
la Comunidad Autónoma, Pamplona asumirá un mayor papel
dentro de su
provincia y, dadas las relaciones existentes entre las dos
administraciones, es
posible que se dificulte el necesario entendimiento para
la ordenación del
territorio y el análisis global de Euskal Herria.
Como conclusión, tenemos un Sistema Urbano que presenta el
siguiente
esquema:
a)
Subsistema Litoral
En él encontramos a Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi. En la
primera
sobresale la fuerte concentración del Area del Gran
Bilbao. En Lapurdi
destaca el papel concentrador y succionador de Bayona y su
área próxima. El
caso guipuzcoano llama la atención por su dispersión en
una serie de núcleos
de población, pequeños y medianos, a la cabeza de los
cuales se sitúa la
Comarca de San Sebastián.
b)
Subsistema interior
A él pertenecen Alava, Navarra, Baja Navarra y Zuberoa. A
diferencia
del anterior, aquí la fuerte concentración sólo se produce
en el caso de
Vitoria, si bien Pamplona presenta índices claros de
aumento y concentración
demográfica, funcional y de servicios, existe una red
urbana de centros
intermedios que pueden ejercer un papel compensador, al
igual que en
Guipúzcoa.
En Baja Navarra y Zuberoa predomina la dispersión en
pequeños núcleos,
dentro de una tendencia general de despoblamiento.
En función de lo comentado, podemos hablar de la formación
de ciertos
ejes, a través de los cuales se desarrollan una serie de
flujos que unen los
núcleos de población, con su correspondiente jerarquía,
dando lugar a la
formación de redes y áreas urbanas.
En primer lugar tenemos un eje longitudinal formado por
Vizcaya,
Guipúzcoa y Lapurdi litoral. Existen además tres ejes
transversales que
inciden en el primero: Vizcaya-Alava, Guipúzcoa-Navarra y
Lapurdi litoral-
Lapurdi interior-Baja Navarra-Zuberoa.
En el futuro podrá hablarse de otros ejes como los de
Alava-Navarra,
Navarra-Baja Navarra-Lapurdi-Zuberoa y aquellos que puedan
establecerse
con otros territorios próximos: Landas, Bearne, Rioja,
Santander, Burgos.
4. ANALISIS ESPACIAL DIFERENCIAL
En este apartado indicaremos las distintas unidades que
diferenciamos en
el País Vasco desde un punto de vista espacial, al margen
de las relaciones
que se establecen dentro de cada territorio y entre los
distintos elementos del
sistema urbano, a las que ya nos hemos referido
anteriormente.
En Guipúzcoa encontramos una jerarquía urbana el frente de
la cual está
San Sebastián y su área periférica. Esta última está
integrada por los
municipios de Pasajes, Rentería, Lezo, Oyarzun, Hernani,
Usurbil y Urnieta,
que forman una conurbación con la capital. En los
siguientes niveles de la
jerarquía se sitúan una serie de áreas en las que
predominan las formas de
poblamiento urbano, con áreas rurales y mixtas
intercaladas, que se presentan
de forma puntual siguiendo los ejes transversales de los
valles de los ríos
guipuzcoanos y el litoral.
Aunque desde el punto de vista espacial esta estructura
urbana puede
considerarse equilibrada, no hay que olvidar que el
pequeño de la provincia y
su abrupto relieve hacen que la escasez de suelo apto para
edificaciones sea
uno de sus mayores problemas. Además si aplicamos el
criterio internacional
que considera como no aprovechables terrenos con pendiente
superior al 10%
vemos como el terreno disponible queda reducido a la
decimoctava parte del
total provincial.
A esta dificultad hay que añadir la desigual, irregular-y,
en ocasiones,
anárquica estructura interna de la mayoría de los núcleos
urbanos, en los que
la falta de planificación, la especulación y el
incumplimiento de la legislación
han dado lugar a una fuerte congestión y a la mezcla de
residencias y
establecimientos industriales, con los lógicos perjuicios
para ambos.
Otros rasgos señalables de la estructura urbana
guipuzcoana son:
— la formación de microurbanizaciones (Azpeitia-Azcoitia,
Andoain-
Villabona, Zumárraga-Urretxu, Mondragón-Arechavaleta,
Beasain-
Ordicia-Lazkao-Olaberría, Irún-Fuenterrabía).
— las conurbaciones lineales, formadas por las localidades
que se
extienden de forma continuada siguiendo los valles de los
ríos Deva,
Oria y Urola.
En Vizcaya podemos distinguir el Gran Bilbao y los
distintos valles. En el
Gran Bilbao, M. Ferrer y A. Precedo diferencian el Bilbao
Central del área
submetropolitana y el área suburbana; mientras que García
Merino denomina
a los dos últimos área suburbana y área periurbana
respectivamente.
Dentro de los valles tenemos:
1) Las Encartaciones (Balmaseda, Aranguren, Sodupe, Zalla,
etc.)
2) La Costa (Gernika, Markina y Munguía)
3) Altos Valles del Nervión (Orduña y Otxandiano)
4) Valles Medios del Nervión y del Ibaizábal (Durango,
Lemona, Elorrio
y Amorebieta)
Estas áreas presentan en general una densidad pequeña con
una variada
gama de actividades, ofreciendo excelentes perspectivas
para la descongestión
del Gran Bilbao.
En Alava diferenciamos tres conjuntos: el Valle del Alto
Nervión alavés,
el área de Vitoria y los núcleos o ejes secundarios.
El desarrollo del Valle del Alto, Nervión Alavés, con
Llodio y Amurrio
como núcleos fundamentales, es consecuencia de la
expansión bilbaína. En el
caso del área de Vitoria éste, iniciado a partir de 1957,
se debe a la expansión
del Valle del Deva guipuzcoano y a la llegada de capitales
bilbaínos y
guipuzcoanos. Su crecimiento se ha realizado a espensas de
la Llanada,
ejerciendo sobre ella y sobre la mayor parte de la
provincia un efecto
succionador y depresivo, al concentrar en la capital el
74% de la población
provincial.
Los núcleos y ejes secundarios inician su desarrollo a
partir de 1968-70,
con la implanatación de polígonos industriales impulsados
por la Diputación
Foral a fin de descongestionar el área de Vitoria. Es el
caso de Oyón,
Salvatierra-Araya-Alegría, Santa Cruz de Campezo,
Villareal, Iruña de Oca y
Zambrana.
En Navarra nos encontramos con Pamplona y su área
metropolitana
(Villava, Huarte, Egués, Burlada, Ansoain, Cizur, Galar,
Elorz, Aranguren,
Olz, etc.) por un lado, y por otro una serie de núcleos de
población, de
distintos niveles y jerarquía que se reparten entre los
conjuntos comarcales
navarros de los Valles Cantábricos, Valles Meridionales,
Barranca-Burunda,
Valles Pirenaicos Centrales, Valles Pirenaicos Orientales,
Cuenca de Pamplona,
Cuenca de Aoiz-Lumbier, Navarra Media Occidental, Navarra
Media
Oriental, Ribera Estellesa y Ribera Tudelana.
Según A. Precedo, sólo la Ribera Tudelana, la Navarra
Oriental, la
Navarra Media Occidental y la Montaña tienen, desde el
punto de vista de la
estructura de la red urbana, un dispositivo
urbano-espacial adecuado para
organizar espacios funcionales. Señala además que la red
urbana posee un
grado de jerarquización adecuado, si bien debiera
corregirse la tendencia a la
concentración en Pamplona y su área metropolitana.
En el País Vasco Continental podemos diferenciar el
Lapurdi litoral de las
tierras del interior. En el Lapurdi litoral destaca la
primacía de Bayona, que
ejerce efectos positivos en el litoral y negativos y
succionadores respecto a las
tierras del interior, y forma un área conurbana con
Biarritz y Anglet. Como
conjuntos urbanos podemos señalar los de: Bayona-Anglet-Biarritz,
San Juan
de Luz, Ciboure, Hendaya Behobia y el de Bidart-Guéthary.
Las tierras interiores se inician con el «pospaís» del
Lapurdi litoral que
está formado por los cantones de Ustaritz, Espelette y
Hasparren. El Lapurdi
interior se enmarca, por un lado, en un paisaje de colinas
que se extiende por
la Baja Navarra septentrional a través de los cantones de
Labastide-Clairence,
Iholdy, Saint Palais y por la Zuberoa septentrional que
corresponde al cantón
de Mauleón-Licharre. Por otro, existe un sector montañoso
que se localiza en
las tierras meridionales de Baja Navarra y Zuberoa,
comprendiendo los
cantones de Baigorry, San Juan Pie de Puerto y Tardets-Sorholus.
En general, todas estas tierras interiores registran
pérdidas de población,
encontrándose en una etapa de depresión. En su jerarquía
urbana destacan en
Lapurdi: Hasparren, Cambo-les-Bains, Ustaritz y Espelette;
en Baja Navarra:
Saint Palais, Baigorry, San Juan pie de Puerto y Bidache;
y en Zuberoa:
Mauleón-Licharre. De todos estos núcleos la primacía
industrial la tienen
Hasparren, Mauleón y Saint Palais.
6. ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE
EL SISTEMA Y LAS ÁREAS URBANAS
Como ya hemos indicado en otro momento, el sistema urbano
vasco con
los subsistemas en que se divide no está aislado, sino que
mantiene estrechos
contactos con otros sistemas y áreas provinciales
próximas. Así hay que tener
presentes las relaciones que se establecen a través de
flujos económicos con
las áreas de Santander, Burgos, Logroño, Valle del Ebro,
Las Landas y el
Bearne. El resultado se refleja en numerosas
interdependencias funcionales,
que son más numerosas y evidentes cada día.
Al objeto de completar la información sobre las
características del sistema
urbano y el análisis espacial diferencial, vamos a
detenemos en algunos
aspectos funcionales y en los principales ejes de
comunicación.
En el Subsistema litoral, los tres núcleos principales:
Bilbao, San
Sebastián y Bayona, organizan un complejo mundo de
actividades industriales,
financieras, comerciales y de servicios.
En Bilbao se localiza el 85% del empleo provincial, en San
Sebastián el
45% y en Bayona y su área próxima el 80%
En el área del Gran Bilbao encontramos un importante
sector de industrias
básicas, entre las que destacan la metalurgia y la
química, otros sectores
industriales como el del papel y el de la construcción, y
una amplia gama de
servicios financieros, comerciales, de asesoramiento a
empresas, de transportes,
servicios personales y actividades de esparcimiento. Gran
parte de estas
actividades tienen su principal mercado en la propia
aglomeración bilbaína.
San Sebastián y su área periférica están a la cabeza de
una estructura
urbana bien jerarquizada, en la que se distribuyen
diversas funciones
industriales, comerciales, de servicios y esparcimiento.
Los principales
equipamientos terciarios se concentran en San Sebastián y
su periferia, a la
que siguen Irún, Tolosa, Vergara, Zarauz, Eibar, Beasain,
Mondragón,
Zumarraga, Azpeitia y Villabona, por este orden.
En la capital donostiarra destacan las funciones
financieras, de seguros,
servicos personales, comerciales, de transportes,
distribuyéndose por la
periferia (Hernani, Pasajes, Rentería, Lezo, Oyarzun,
Urnieta y Usurbil)
actividades portuarias, industriales y pequeños sectores
comerciales.
En cuanto al Lapurdi litoral, observamos que distintas
unidades urbanas
han formado una aglomeración a lo largo de unos 50 kms.,
que enlaza con el
litoral guipuzcoano y que, sobre una superficie de unos
275 Kilómetros
cuadrados, concentra el 75% de la población del País Vasco
Norte y el 85%
de la de Lapurdi. Aquí se suceden áreas urbanas contínuas,
áreas mixtas y
sectores rurales; sin embargo existe una continuidad de
funciones y actividades
bajo el papel rector de Bayona.
La realidad de este área urbana ha sido reconocida a
efectos económicos,
urbanísticos y estadísticos con la denominación de la
llamada ZPIU (Zone de
Peuplement Industrial ou Urbain), que se extiende por el
Lapurdi litoral y un
sector de la costa de las Landas, fuera ya del País Vasco
Continental.
El desarrollo urbano y económico de Bayona y su área es
debido a la
facilidad de las comunicaciones, la actividad comercial e
industrial, al papel
desempeñado por su puerto, la proximidad de la frontera
internacional y al
fenómeno turístico.
En la estructura urbana del Lapurdi litoral hay que
diferenciar un sector
Norte, encabezado por el conjunto Bayona-Anglet-Biarritz,
que enlaza con el
área de Hossegor-Capbretón, en las Landas, y un sector Sur
en el que
aparecen distintas unidades como San Juan de Luz-Ciboure, que es la
principal, Hendaya-Behobia, Bidart-Guethary, que se
relacionan estrechamente
con el área del Bidasoa, Oyarzun y Urumea. Las principales
áreas
industriales se localizan en Bayona, San Juan de Luz y
Hendaya, destacando
las actividades portuarias en tomo a Adour y al Nivelle.
Los ejes de comunicaciones más importantes de todo este
subsistema se
organizan en torno a la carretera y ferrocarril
Madrid-Irún, que enlazan con
los que atravesando el Lapurdi litoral siguen hasta París.
Destaca la autopista
Bilbao-Behobia y, en menor medida, la carretera y el
ferrocarril que,
siguiendo el Valle del Nervión, van a Miranda y que
comunican a Bilbao con
Madrid, La Rioja y Zaragoza. La autopista Bilbao-Miranda
enlaza con esta
red de comunicaciones y, cerca de Miranda, con la
carretera de Madrid-Irún
por Vitoria, la cual conectará con Málzaga con la
autopista de Bilbao-
Behobia-Bayona.
Quedan por señalar el ferrocarril y carretera que recorren
las costas de
Guipúzcoa y Vizcaya dirigiéndose hacia Santander. Las
numerosas carreteras
interiores guipuzcoanas y vizcaínas y las que partiendo de
Bayona comunican
el Lapurdi litoral con el interior del País Vasco Norte,
Navarra y el resto del
estado francés. Pequeñas líneas de ferrocarril
complementan estas carreteras,
sobresaliendo Hendaya como importante nudo ferroviario.
Finalmente hemos de considerar el papel desempeñado por el
superpuerto
de Bilbao, los puertos de Pasajes y Bayona y los
aeropuertos de Sondica,
Fuenterrabía y Biarritz-Parma.
En el subsistema interior sobresalen Vitoria y Pamplona.
Vitoria debido a
su espectacular crecimiento, ha pasado de ser una ciudad
comercial y de
servicos a convertirse en un importante centro financiero,
comercial e
industrial. Todo el espacio geográfico alavés, con la
macrocefalia de Vitoria,
se estructura en tomo a grandes ejes de comunicación como
las líneas de
carretera y ferrocarril Madrid-Irún y Bilbao-Miranda de
Ebro, carreteras de
Vitoria a Bilbao por Barázar y Munguía, la de Vitoria al
Valle del Deva
guipuzcoano por el puerto de Arlabán, la de Vitoria a
Estella, la que atraviesa
el sur de la provincia yendo de Miranda a Logroño, con un
ramal hacia Haro y
la autopista Bilbao-Vitoria. A todo esto hay que añadir el
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