EUSKAL HERRIKO GEOGRAFI GOI IKASTAROA

CURSO SUPERIOR DE GEOGRAFIA

 

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Aurkezpena/Introd.

E. R. Urrestarazu

J. M. Edeso

F. Ugarte

A. Uriarte

P. Tames

I. Barrios

G. Meaza

K. Lopez

M. S. Millan

M. Ibañez

A. Cendrero

A. Urzainki

M. Tolosa

P. Becerra

J. Urrutikoetxea

P. Picavea

J. G. Piñeiro

J. Juaristi

P. Arriola

C. Castro

M. Fabo

J. Garmendia

 

GEOGRAFIA URBANA DE EUSKAL-HERRIA: .

ANALISIS Y TEORIAS .

Dr. Fco. JAVIER GÓMEZ PIÑEIRO .

 .

PRIMERA PARTE.

 GEOGRAFIA Y TEORIA DE SISTEMAS .

1. ESTRUCTURALISMO Y TEORIA DE SISTEMAS EN GEOGRAFIA.

 La noción de estructura fue formalizada inicialmente a partir de las investigaciones lingüísticas de Saussure (Millet-Varin, 1970), quien designó con ella la integración de las unidades lingüísticas en un todo de componentes solidarios, ninguno de los cuales encuentra significación fuera de la posición que ocupa en el conjunto. Con este contenido, el concepto de estructura ha sido empleado tanto en lingüística como en otras ciencias humanas, dando lugar a una notable variedad de interpretaciones de las que derivan otras tantas formas de estructuralismo. De hecho, la oposición principal entre los diversos estructuralismos se halla en la consideración de las estructuras como «sistemas de transformaciones» o bien como «formas estáticas intemporales» (Piaget, 1974)...

El concepto de estructuras en transformación es frecuentemente asimilado, explícita o implícitamente, con el de sistema. Sin embargo, los propios lingüístas se han esforzado en distinguirlos destacando el carácter englobante del sistema respecto a la estructura, hablando de la «estructura del sistema» (Simonis). Estructura y sistema son, pues, nociones complementarias, pero mientras el análisis de la primera se propone revelar lo que cada combinatoria tiene de específico, el del segundo pretende poner de manifiesto lo que las diversas combinatorias tienen en común. La Teoría General de Sistemas (TGS) afronta, a través del análisis estructural, la búsqueda de una lógica general del comportamiento de los contenidos de las diversas ciencias, procediendo mediante la ligazón de la lógica particular del contenido de cada una de ellas a través de la lógica sin contenido de las matemáticas (Racine-Reymond, 1973, citando a Boulding).

Esta búsqueda de relaciones comunes en los «fenómenos de organización » subsistentes ha permitido formulaciones precisas del concepto de sistema como la que lo considera «un conjunto de elementos cibernéticamente ligados en estructuras negentrópicas sucesivas» (Racine-Reymond, 1973).

Esta formulación realizada por geógrafos, indica hasta qué punto el debate sobre estructuralismo y la explicitación y desarrollo del concepto de sistema pueden ayudar a la Geografía a encontrar un nuevo paradigma que le permita superar las limitaciones impuestas por la progresiva inadecuación de los paradigmas tradicionales.

2. LA TEORIA GENERAL DE SISTEMAS EN GEOGRAFIA URBANA .

2.1. Conceptos básicos de la TGS

La expresión «Teoría General de Sistemas» fue inicialmente empleada por el biólogo Von Bertalanffy (1968) para referirse a un amplio conjunto de teorías, conceptos, métodos y técnicas de análisis, que desarrollados en un largo período de tiempo cuyo origen se remonta al final de la década de los treinta, están contribuyendo al desarrollo de una posible lógica general del contenido de las ciencias.

Podemos adoptar, por su mayor amplitud y claridad, la siguiente definición de sistema: «un conjunto delimitado de componentes (a) dotados de ciertas propiedades, atributos o valores, (b) todos los cuales están en relaciones directas o indirectas de interdependencia o acoplamiento, (c) cumplen unas funciones definidas y (d) están implicados de algún modo en la producción de un resultado del conjunto del sistema, por lo menos en su mantenimiento» (García Pelayo, 1975).

2.2. Introducción de la TGS en Geografía Urbana

«La introducción en Geografía Urbana del paradigma sistémico ha tenido lugar principalmente a través del análisis locacional. Este se desarrolló, en una primera etapa, por acumulación de diversas interpretaciones del comportamiento locacional humano (Von Thünen, Weber, Christaller, Lösch), inspiradas en los postulados de la economía neoclásica y cuyo denominador común lo constituyen las siguientes afirmaciones: 1.º) las localizaciones participan de una condición de equilibrio, que si es alterado por una interferencia externa será reemplazado por un nuevo equilibrio y 2.º) las decisiones sobre localización son tomadas de forma racional y optimizante (Mc Loughlin, 1969).»

«En una segunda etapa, a partir de los años cincuenta, en la «teoría de las localizaciones» se advierten como aseveraciones básicas: 1.º) la necesidad de un sistema de análisis contínuo, 2.º) la importancia de un sistema que contemple interacciones entre fenómenos y relaciones de feed-back, 3.º) la importancia de una consideración probabilística, mejor que determinista, de la interacción humana y 4.º) la reciprocidad entre programa, propuesta y acción en la toma de decisiones localizacionistas (Mc Loughlin, 1969).» «En el análisis locacional urbano puede seguirse esta evolución de forma más precisa. El punto de partida, en este caso, es la «teoría de lugares centrales» (Christaller, 1938), definida por su autor como una teoría general puramente deductiva, cuyo objeto era explicar el tamaño, número y distribución de las ciudades. No obstante, como recuerda Berry (1964), la teoría del sistema de ciudades no se nutre exclusivamente de abstracciones lógicas como la de Christaller, sino también de generalizaciones inductivas. Entre éstas destaca la regla rango-tamaño (rank size rule), que pone a la población de una ciudad de determinado rango en función de la correspondiente a la ciudad de rango 1 y de una potencia del rango generalmente igual a -1. Las primeras interpretaciones de esta regla tendieron a generalizar la hipótesis de la existencia de distribuciones rango-tamaño regulares en países de economías avanzadas y de distribuciones apuntadas o primaciales en países poco evolucionados. Estas hipótesis iniciales han sido ampliamente discutidas, puntualizadas y desarrolladas (Capel, 1972 y Lasuén, 1967), pero el paso fundamental en la aplicación de esta regla se debe a Berry (1961), quien aplicó al efecto la hipótesis estocástica de Simon (1955), según la cual las distribuciones estadísticas de tipo lognormal son casos límites de procesos de crecimiento aleatorio. Sobre esta hipótesis Berry concluye que la verificación de la regla rango-tamaño (distribución lognormal) representa el «estado estable», que se mantendrá mientras el sistema siga creciendo y manteniendo una forma constante (E. Murcia, 1979).»

Más recientemente, Racine-Raymond (1973) han llamado la atención sobre las diferencias significativas entre el estudio de la relación rangotamaño considerando el segundo como variable dependiente del rangopostura inicial y considerando la variable rango dependiente del tamaño de la población. Con esta nueva formulación se pretendía una vuelta a la posible verificación de una ley determinista rango-tamaño, que permitiera en alguna medida actuar directamente sobre el sistema urbano. Sin embargo, las conclusiones del intento conducen de nuevo a la aceptación de la interpretación sistemática de las distribuciones.

En suma, la Geografía Urbana tiende a afirmarse en el hecho de que «las ciudades y los conjuntos de ciudades son sistemas susceptibles de los mismos tipos de análisis que otros sistemas y están caracterizados por las mismas generalizaciones, construcciones y modelos» y en el de que «la teoría urbana puede ser contemplada como un aspecto de la teoría general de sistemas» (Berry, 1964) (E. Murcia, 1979).

3. SISTEMAS URBANOS

Conceptos básicos de la noción de sistema urbano.

Berry (1967), a título de ejemplo de su propio concepto de sistema, nos ofrece una sencilla definición de sistema urbano: «Un sistema es un conjunto de objetos (por ejemplo, centros urbanos), características de dichos objetos (población, establecimientos, tipos de empresas, tráfico generado), interrrelaciones entre los objetos (asentamiento de los centros inferiores en los lugares intermedios, distribución espacial uniforme en cualquier nivel dado) y entre las características (los gráficos de relaciones logarítmicas) e interdependencias entre los objetos y sus características (la jerarquía de los lugares centrales)».

Los sistemas urbanos son sistemas abiertos y jerárquicos. Al analizarlos nos encontraremos siempre en presencia de un conjunto de elementos (centros urbanos, unidades de uso del suelo, sistemas de actividad urbanos), cada uno de los cuales cumple una determinada función que interesa a un cierto espacio o campo. Las diversas posiciones de los elementos en el conjunto configuran una trama y las relaciones que se establecen en virtud de ello definen una estructura. Todo ello tiene una ‘expresión física a la que llamaremos forma. Finalmente, el sistema es en cada momento el resultado de un proceso diacrónico en el que nada puede explicarse sin referencia a su estado en un momento anterior.

A partir de este marco definitorio, el análisis puede desarrollarse en cuatro vías complementarias cuyos objetos serán la funcionalidad, la estructura, el proceso y la forma del sistema urbano. El análisis funcional tiene por objeto determinar la contribución de los elementos a la funcionalidad del sistema y la «posición» (término que aquí no tiene un significado estrictamente físico, sino virtual o relativo a la posición de otros elementos) que ocupan en el mismo.

Por lo que respecta a la estructura, nos encontramos con dos tipos de relaciones estructurales. Las relaciones debidas a una diferencia potencial entre puntos del espacio dan una estructura subsecuente, mientras que las establecidas entre sistemas de actividad no necesariamente dotados de una componente espacial constituyen la estructura consecuente.

El análisis del proceso tiene por objeto explicar los mecanismos que rigen la evolución del sistema. Por último, la forma del sistema urbano se define como el conjunto de los objetos materiales peculiares que reflejan físicamente en el espacio las relaciones estructurales que sustentan la funcionalidad de aquél, así como el efecto de las vicisitudes de proceso en el sistema (E. Murcia, 1979).

 SEGUNDA PARTE

EL PROCESO DE URBANIZACION Y LA GEOGRAFIA URBANA DE EUSKAL HERRIA

INTRODUCCIÓN

Para el estudio y comprensión de la estructura urbana y del poblamiento de un territorio deben tenerse en cuenta aspectos básicos como las formas de poblamiento, la morfología y disposición de los núcleos y la evolución de sus elementos.

En líneas generales, dentro de la misma estructura de población aparecen continuamente contrapuestos dos elementos: la ciudad y el campo, lo urbano y lo rural y, en cierto modo, lo concentrado y lo disperso. Es difícil hallar una fórmula homogénea y global para definir y diferenciar, conceptualmente y en la práctica, lo urbano de lo rural. Aunque algunos de los criterios normalmente empleados para definir las poblaciones con carácter urbano son: el volumen de población, la densidad, su composición y la actividad económica predominante o las competencias administrativas y de servicios públicos.

1. EL PROCESO DE URBANIZACIÓN

Podríamos definir el proceso de urbanización como el crecimiento espectacular de un número muy pequeño de ciudades; es lo que se ha venido en llamar fenómeno urbano. Este se inicia a finales del siglo XVIII y se extiende en el siguiente, siguiendo un desarrollo progresivo, aunque no homogéneo, hasta nuestros días, como consecuencia de la explosión industrial .

El proceso de urbanización lleva consigo la aparicion de nuevos puntos de concentración de la población y el aumento de tamaño de las concentraciones  existentes. Desde que aquél se inicia, se desarrolla un proceso selectivo y, en consecuencia, una concentración progresiva que son los que van a provocar, a partir de un determinado momento, la constitución o despegue definitivo de la ciudad como centro urbano dominador.

2. EL POBLAMIENTO EN EL PAÍS VASCO. ANTECEDENTES

Hasta bien avanzada la Edad Media, el poblamiento en la mayor parte del País Vasco constituye un enigma. Parece ser que la presencia romana en él supuso una época de florecimiento urbano, aunque muy limitado. Durante mucho tiempo se mantuvo una situación geopolítica similar a la del período romano, pero esta vez respecto de los visigodos, primero, y de los musulmanes, después. A pesar de la inexistencia de cifras concretas, es probable que Guipúzcoa, Vizcaya y el Norte de Navarra fuesen zonas densamente pobladas, a tenor de su resistencia a las sucesivas invasiones, desde los romanos a los musulmanes.

En el siglo XII surgen las primeras villas en Guipúzcoa, Álava y Navarra, y en los siglos XIII y XIV en Vizcaya. Su fundación obedece principalmente a intereses defensivos y económicos de los reyes y grandes señores. Este resurgir urbano, que se produce primero en Navarra y seguido en la costa guipuzcoana, luego en el interior de Guipúzcoa y Alava y por fin en Vizcaya, fue posible, entre otros, por tres factotes fundamentales:

1.º) Crecimiento demográfico. A pesar de la imprecisión de los datos hasta el siglo XVI, según Fernández de Pinedo, parecen evidentes dos amplios impulsos demográficos a lo largo de la Edad Media: el primero desde 1150 hasta 1270, aproximadamente, y el segundo desde 1325 a 1350.

2.º) Concentración de la población. Responde en las distintas zonas del País a diferentes causas: a un importante crecimiento natural de la población que el campo no puede absorber; a un aumento de la productividad y de las técnicas agrícolas que liberan mano de obra o, simplemente, a un deseo de agrupamiento de la población para defenderse de señores o bandidos, o para constituir un mercado estable.

3.º) La decisión de crear una villa, o por lo menos de institucionalizarla, proviene de la autoridad real o señorial y tiene dos objetivos básicos: el militar, por un lado, y el ejercicio de un control fiscal sobre el territorio frente al poder de la nobleza rural, por otro.

3. LA LOCALIZACIÓN DE LAS CIUDADES

Localización y función son, sin duda, dos elementos condordantes en el nacimiento de cualquier ciudad. Julio Caro Baroja nos muestra 3 tipos de pueblos a los que se ajustan la mayor parte de los núcleos de población vascos:

1.º) Los situados en una ladera o pendiente sobre un río o arroyo.

2.º) Los asentados en un cerro o meseta, próximos también a ríos.

3.º) Los que se extienden por la parte baja de vegas y llanos de mayor o menor extensión e igualmente regados.

4. EL PAPEL DE LAS VILLAS

4.1. La función militar

La función militar está en el origen de muchos poblados y villas vascas a lo largo de la Edad Media. Sin embargo, es preciso distinguir esta función, por un lado como defensa de la propia ciudad, y por otro como defensa de un territorio (ciudades fortaleza, ciudades guarnición y ciudades fronterizas).

En el primer caso se encuentran villas como Elgóibar, Zumaia, Larrabezúa, Rigoitia, etc., surgidas con el objeto de protegerse de maleantes y salteadores, así como de los Parientes Mayores en las guerras de bandos.

En el segundo caso los ejemplos son numerosos: Vitoria, Laguardia y Salvatierra, en Alava; Puentelarreina, Echarri-Aranaz y Pamplona, en Navarra; Fuenterrabía, Villafranca, Segura y San Sebastián, en Guipúzcoa; Valmaseda y Orduña, en Vizcaya, y Bayona, en Lapurdi.

4.2. La función comercial

Vida urbana y comercio marchan interrelacionadas; no es posible entender una ciudad o villa medieval sin la existencia de un mercado. El mercado local constituye un lugar de encuentro de población (urbana y rural) y mercancías (productos agrícolas y artesanales). Su localización depende de las posibilidades de concentración de la oferta y la demanda en un punto.

La función comercial de la ciudad viene definida no sólo por su carácter de centro consumidor, sino sobre todo por el de centro productor (artesanos) y exportador; complementándose ambos con objeto de mantener la importancia (centralidad) de la ciudad. Sin embargo, las villas medievales en el País Vasco eran, en su mayoría, núcleos rurales de actividad exclusivamente agrícola. En este mundo escasamente urbanizado nacen las ferias y mercados en puntos alejados de los centros de producción (cruces de caminos...).

Algunos de estos lugares acabarán por convertirse en núcleos preurbanos, e incluso de ellos han surgido, en ciertos casos, importantes ciudades.

5. EL PLANO DE LA CIUDAD

A través de los componentes históricos del plano podemos estudiar la localización de los edificios y la estructura social de las villas, así como su evolución.

En las villas de la primera época encontramos dos elementos morfológicos principales: En primer lugar, la muralla, fundamental tanto para su defensa como para su conformación física e institucional y básica para su delimitación territorial. Un segundo elemento presente en el paisaje, tanto urbano como rural, lo constituyen las iglesias.

J.I. Linazasoro diferencia los siguientes tipos de ciudades en el País Vasco:

— La ciudad camino (Burguete, Estella y Villabona).

— Ciudades de planta rectangular, totalmente fortificadas (Puentelarreina, Sangüesa, San Sebastián).

— Ciudades de recinto fortificado irregular con dos parroquias formando parte de la muralla (Laguardia, Vitoria, Salvatierra).

— Ciudades de una sola iglesia central (Mondragón, Azpeitia); a este tipo pertenecen la mayoría de las fundaciones guipuzcoanas.

— Las ciudades vizcaínas, más tardías, forman un grupo aparte siendo el tipo más sencillo el de un pequeño número de calles paralelas sin estructurar jerárquicamente.

La mayoría de las villas vascas fundadas en la Edad Media son, en gran medida, planificadas. Algunas de ellas presentan grandes similitudes con las bastidas del sudoeste francés (Durango, Bermeo, Bilbao, Marquina, Guernica, Tolosa, Salvatierra), según Leopoldo Torres Balbas.

Quizás las mayores disparidades en el asentamiento de la población en el País Vasco se refieran más que al plano de la ciudad, al modelo de localización en el contexto geográfico de las distintas zonas: la costa, zona pirenaica y valles de montaña, los valles guipuzcoanos y vizcaínos, la cuenca de Pamplona y la llanada alavesa, la Rioja y el sur de Navarra.

Entraremos, aunque superficialmente, en el largo período que va del siglo XVI hasta los primeros ensanches de las ciudades vascas en el XIX. No es precisamente el crecimiento urbano la tendencia de población verificada en el mismo. La profunda crisis económica y las epidemias del XVII dejaron a la población a comienzos del XVIII en los mismos niveles de 1500-1550.

Una de las características de esta época es la mejora de las comunicaciones entre las ciudades vascas y de éstas con Castilla, materializada en el florecimiento del comercio en el siglo XVI. Con la crisis del XVII el comercio decae, sobre todo en la costa, produciéndose una ruralización de la población. Sin embargo, este retraimiento general no parece coincidir con el desarrollo de la construcción a finales del siglo XVII, especialmente en Guipúzcoa y Navarra. Son numerosos en esta época los palacetes y mansiones señoriales en las zonas rurales.

A partir del primer cuarto del siglo XVIII se inicia una etapa de renovación urbana. Esta se manifiesta en las plazas y los primeros ensanches de finales de siglo, dentro de las líneas generales del clasicismo urbano: la línea recta, la perspectiva monumental y el programa. Muestra de ello son la  plaza Mayor de Vitoria del arquitecto Olaguibel, las de San Sebastián y Bilbao de Silvestre Pérez y la de Tafalla de Martín de Saracibar.

Entrados en el siglo XIX, el tardío desarrollo industrial va a afectar al poblamiento urbano. Hasta el final de la última guerra carlista ésta podría ser considerada como una época de transición. En ella del desarrollo urbano se centra en los citados ensanches de las capitales y en la reconstrucción y posteriores ensanches de San Sebastián. Pero sobre todo en el crecimiento industrial, centrado en el área de la desembocadura del Ibaizábal y en algunas ciudades guipuzcoanas. La población de Bilbao comienza a dispararse y tras ella la de San Sebastián, la cual entre 1877 y 1887 supera a Pamplona y Vitoria que apenas crecen.

Por último, debemos señalar que en 1887 solamente las capitales de provincia superaban los 10.000 habitantes; ocupando Navarra por su población el puesto número 28 entre las provincias del Estado, Vizcaya el 40, Guipúzcoa el 45 y Alava el 49.

6. EL CRECIMIENTO URBANO

Los orígenes del crecimiento urbano en el País Vasco hay que buscarlos en la industrialización; su evolución y disparidades anuncian y marcan el proceso de urbanización. La industrialización y la oferta de trabajo subsiguiente son los elementos motores en los casos alavés y vizcaíno especialmente.

En cambio, el crecimiento de San Sebastián y Bayona hay que relacionarlo más estrechamente con el de sus respectivos hinterlands, como centros abastecedores y funcionales de un área de la que son centros gravitacionales.

7. VARIABLES DEL FENÓMENO DE URBANIZACIÓN

Describiremos ahora la evolución de algunas variables de las que se dispone de información estadística y que, de alguna manera, definen el fenómeno de urbanización:

 7.1. La población activa en el sector primario

La evolución de la población activa dentro del sector primario en las cuatro provincias del País Vasco Sur ha pasado del 60% a comienzos del siglo, al 11% en 1975. El cambio es más que significativo ya que en esa fecha quedaban por debajo del porcentaje estatal, situado en el 23% La caída de la población activa agrícola va asociada al descenso de la población rural. La provincia más afectada en este sentido ha sido Vizcaya (—66%), seguida de Alava (—60%) y Navarra (—54%) y. por último Guipúzcoa (—19%).

En cuanto al País Vasco Norte, el porcentaje de población activa agrícola era del 31,5% en 1954, con una población total de 29.870 habitantes. Para 1962 la población agrícola disminuye en un 25,3% lo que deja al sector primario un 26,7% de la población activa; cifra bastante elevada si la comparamos con la media del País Vasco Sur.

7.2. La densidad de población

Si examinamos las densidades de población en el País vasco, salen a la luz las disparidades existentes en el poblamiento entre las cuatro provincias del Sur: Vizcaya y Guipúzcoa, por una lado, y Alava y Navarra, por otro. Otro tanto sucede en el País Vasco Continental entre la franja costera de Lapurdi y el territorio del interior.

En Alava y Navarra, la densidad de población ha estado hasta 1960 por debajo de la media estatal, alcanzando la primera dicha cifra para 1970 e iniciando la segunda, a partir de dicha fecha, un incremento progresivo de la misma.

Vizcaya, que en 1887 presentaba la misma densidad que Guipúzcoa, pasa desde esta fecha a situarse la primera y a ampliar progresivamente la diferencia.

En las tres regiones del Norte, el panorama de la dinámica poblacional es, en términos globales, de estancamiento a lo largo de todo el siglo. No obstante, a partir de 1954 se aprecia un ligero despegue, a un ritmo muy lento, inferior incluso al de la Navarra peninsular. Y esto es debido únicamente al crecimiento de San Juan de Luz, aglomeración Bayona-Anglet- Biarritz y Espelette, en los que la densidad prácticamente se ha duplicado.

Mientras que las regiones de Zuberoa y Baja Navarra se quedaban, en 1975, con densidades en tomo a los 20 habitantes/km.2.

7.3. La concentración de la población

El despegue y la tendencia a la concentración se han generalizado en todo el territorio a partir de la segunda mitad del siglo. Hasta entonces las diferencias de crecimiento entre núcleos grandes y pequeños eran importantes tan sólo en las dos provincias costeras del Sur. En la actualidad, el crecimiento urbano está centrado exclusivamente en los grandes núcleos.

En el caso de Alava, la disparidad de concentración en la capital y en el resto de la provincia es muy significativa. En 1950 Vitoria y el Area Metropolitana de San Sebastián presentaban porcentajes de concentración similares, para en 1980 quedarse esta última en un 46% mientras que Vitoria alcanzaba el 78% de la población. La concentración en el Gran Bilbao alcanza un 79% superando así la proporción de Vitoria.

La evolución de la capital navarra es más parecida a la de Vitoria que a la de San Sebastián en cuanto a la tendencia de aumento del porcentaje de concentración, pero no en cuanto a su valor. El índice de Pamplona es 12 puntos superior al de San Sebastián, pero si consideramos el área metropolitana donostiarra y la Cuenca de Pamplona, porcentajes se igualan.

En el País Vasco Continental, el porcentaje de población en las capitales ha permanecido prácticamente igual, con la excepción de Bayona. La aglomeración Bayona-Anglet-Biarritz concentra en la actualidad el 60% de la población de Lapurdi y ésta, a su vez, el 82% de toda la población del País Vasco Norte; con lo que se alcanza aquí el 50% del total de la población.

7.4. Tamaño y número de municipios

El número de municipios en el País Vasco Sur es de 506; de ellos el 52% son navarros, el 19% vizcainos, el 16% guipuzcoanos y un 13% pertenecen a Alava. A comienzos de siglo eran 563, con lo que han desaparecido 57; 22 en Alava, 21 en Vizcaya, 9 en Guipúzcoa y 5 en Navarra. Las causa, en su mayoría han sido la fusión de pequeños municipios (Alava) y la absorción de los pequeños por los municipios grandes (Vizcaya y Guipúzcoa).

Según el número de habitantes la evolución del número de municipios presenta las siguientes características:

— ha aumentado el número de los municipios más pequeños, hasta 500 habitantes; en 1970 eran ya 15 los núcleos que no llegaban a los 100 habitantes.

— han aumentado también significativamente los municipios grandes a partir de los 500 habitantes: 26 en 1900, 42 en 1950 y 66 en 1970.

— respecto al resto de los grupos, el descenso más considerable corresponde a los situados entre 500 y 200 habitantes, que han perdido 112 municipios; entre 2.000 y 5.000 el número de municipios prácticamente no ha variado.

El número de comunas en el País Vasco Norte es de 156, siendo el despoblamiento la tónica general en la mayoría de ellas. Han perdido población en la Baja Navarra el 93% de las comunas, el 89% de las de Zuberoa y el 46% de las de Lapurdi. La situación es crítica para las dos primeras regiones, pues no poseen ningún centro superior a los 5.000 habitantes y el 75% del total de comunas de ambas zonas no alcanzan los 500 habitantes, siendo sólo 5 las que superan los 1.000 habitantes. El panorama en Lapurdi es totalmente distinto pues aparte de la aglomeración Bayona- Anglet-Biarritz, otros siete centros superan los 5.000 habitantes.

7.5. La superficie de los municipios

La superficie municipal media en el País Vasco Peninsular es de 34,55 km.2, por debajo de la media del Estado que se sitúa en 55 km.2. Alava es la única que supera la media estatal, aunque presenta grandes disparidades en su territorio. Municipios como los de las Estribaciones del Gorbea (81 km.2) o de la Llanada (70 km.2) contrastan con los de la Rioja alavesa (20 km.2).

La media en Navarra es de casi 40 km.2 por municipio, existiendo grandes diferencias entre las distintas comarcas. La media más elevada corresponde a la Ribera Oriental (83,3 km.2), frente a la Comarca de Estella (22,24 km.2).

Tanto en Guipúzcoa (23,9 km.2) como en Vizcaya (22,78 km.2) la extensión media es mucho menor, constituyendo las más bajas de todas las provincias del Estado. En el área guipuzcoana existen también diferentes comarcales, aunque menos importantes que en las anteriores. Es el caso de la Cuenca del Deva, con pocos municipios, frente al alto y medio Oria con un número elevado de ellos, aunque de pequeño tamaño.

Vizcaya es la provincia más homogénea; únicamente la zona de las Encartaciones presenta una media superior a la del País Vasco. En el resto, la frecuencia de los municipios es muy alta.

En el País Vasco Norte, la extensión media de las comunas es sensiblemente inferior a las ya citadas. Pero hay que tener en cuenta la existencia de una entidad administrativa intermedia: el cantón, que en el Sur equivaldría a la comarca. Esta situación revela una ocupación más dispersa y, al mismo tiempo, más intensiva del territorio.

En cuanto al tamaño únicamente el cantón de St. Palais, en Baja Navarra, muestra una dispersión muy por debajo de la del conjunto: 11,3 km.2 frente a los 28,6 km.2 la cifra más elevada de las tres regiones que corresponde al cantón de Baigorry.

8. EL CRECIMIENTO INTERCENSAL DE LA POBLACIÓN

Hasta 1975 únicamente el incremento de la población navarra había quedado por debajo de la del conjunto del Estado; aunque en la década de 1960 a 1970 consiguió superar dicha media. En Alava, el crecimiento intercensal fue inferior al de la media estatal hasta el período 1950-1960, para convertise en la década siguiente en la provincia de mayor crecimiento relativo del Estado, con un aumento del 47% Tendencia que se mantuvo en la primera mitad de la década de los 70 y que supera ya ampliamente el crecimiento de las otras provincias vascas.

El crecimiento navarro de la década anterior parece, en cambio, haberse ralentizado en el mismo período, cayendo por debajo de la media estatal. Aunque éste es un fenómeno compartido por el conjunto del País Vasco.

9. DEL POBLAMIENTO RURAL AL POBLAMIENTO URBANO

En la introducción señalábamos la dificultad para encontrar un criterio que diferenciase claramente entre población rural y población urbana. A falta de otro, utilizaremos el del tamaño de los centros según el número de habitantes. Hasta 2.000 clasificaremos los municipios como rurales; entre 2.000 y 10.000 como intermedios y a partir de esta cifra como urbanos. Así, actualmente en el País Vasco Sur se contabilizan porcentajes del 76% para la población urbana, 15% para la intermedia y 8% para la rural; siendo éstos muy similares a los de Cataluña. En relación al resto del Estado, en 1970 las cuatro provincias vascas representaban el 6,7% del total de la población y concentraban el 7,6% de la población residente en núcleos mayores de 10.000 habitantes.

Nos acercaremos ahora a la evolución de la población en las diferentes regiones del País, atendiendo a los tres niveles que distinguíamos al principio: población rural, intermedia y urbana.

El descenso en términos absolutos de la población rural es una constante en todo el País Vasco, siendo Vizcaya la provincia con el porcentaje de reducción más elevado.

En el Norte, contrasta la disminución de Baja Navarra y Zuberoa, que ha sido muy alta (31%), con la relativamente baja de Lapurdi (19%).

Aunque al período al que nos referimos va desde 1900 a 1975, el descenso progresivo de la población rural no comienza en Vizcaya hasta después de 1940; en Guipúzcoa a partir de 1930, mientras que en Alava y Navarra se produce al final de la década de los 50. Un hecho destacable es que entre 1930 y 1940 Alava y Vizcaya aumentan su población rural, frente a Navarra, que la disminuye en un 8% Entre 1960 y 1970 Navarra reduce su población rural en la misma proporción que desde primeros de siglo, y otro tanto sucede en Alava entre 1970 y 1975. Pero quizá, el contraste más grande se produce en Vizcaya, en la que cabría esperar una reducción más adelantada y rápida. Sin embargo, hasta 1960 el porcentaje es similar a los de Alava y Navarra, cayendo entre 1960 y 1970 de una manera espectacular, ya que pasa del índice 8, en 1960, al 54 en 1970.

El volumen de población intermedia se ha mantenido en todo el País Vasco desde 1970 por encima del índice 100, con algunas fluctuaciones.

Alcanzando, en el Sur, el índice 129 en 1960, para descender en 1975 al 110, mientras que en el Norte se producía un período ascendente hasta 1968, a partir del cual se iniciaba el descenso en las tres regiones.

Por provincias, Navarra es la única que presenta un crecimiento importante, especialmente en los períodos de 1940 a 1950 y 1960 a 1970, obteniendo el índice 150 en 1975.

Vizcaya, por su parte, ha mantenido un índice regular, aunque con ligeras fluctuaciones, frente al caso de Guipúzcoa y Alava, que en 1975 retrocedían un 15% respecto de 1900, cuyas fluctuaciones han sido grandes, sobre todo en esta última.

La población urbana ha pasado en el País Vasco Sur del índice 100 en 1900, al 943 en 1975. Este espectacular crecimiento va desde el 619 de Alava al 1.478 de Guipúzcoa. Hasta 1960, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra y Alava han prevalecido por este orden en lo que se refiere al incremento de la población urbana. Sin embargo, desde 1960 y sobre todo entre 1970 y 1975 el orden prácticamente se invierte. Así, mientras la población total de Alava y Navarra crece en estos cinco años un 14% y un 3,7% respectivamente, los incrementos de población urbana fueron del 25 y 12% En lo que respecta a la evolución a lo largo del siglo, podemos diferenciar los siguientes períodos. Entre 1900 y 1930, la población urbana creció fuertemente en Guipúzcoa (221%) y Vizcaya (142%). Durante la década siguiente caerá la tasa en Vizcaya, mientras que en Guipúzcoa seguirá aumentando. Alava y Navarra, con un crecimiento moderado hasta 1930, acelerarán entre 1930 y 1940, para a partir de aquí moderar las tasas hasta 1960-1970, especialmente Alava. En esta última década la tasa de crecimiento de la población urbana alcanzó porcentajes muy elevados en todas las provincias: 107% en Alava, 68% en Navarra, 66% en Guipúzcoa y un 58% en Vizcaya. Entre 1970 y 1975 las dos primeras continuarán aumentando, mientras que se ralentizará en el resto.

La tasa media de crecimiento anual de la población urbana entre 1900 y 1975 fue del 6,92% en Alava, del 18,3% en Guipúzcoa, del 8,56% en Navarra y del 12,04% en Vizcaya; las respectivas tasas de crecimiento de la población total fueron: 1,91% 3,27% 0,75% y 3,55% En el País Vasco Norte, únicamente Lapurdi tiene un núcleo por encima de los 10.000 habitantes. La evolución de la población urbana presenta un período de descenso entre 1931 y 1936 (5%) y dos de fuerte incremento 1921-1931 (42%) y 1954-1962 (37%). En los últimos quince años, la tasa es constante (2% aproximadamente).

Por último, descenderemos a los niveles provincial y comarcal para analizar la evolución del índice de urbanización, es decir, la composición de la población según los tamaños de los núcleos urbano, intermedio y rural en cada área.

La población rural significaba más del 50% en Alava y Navarra entre 1900 y 1920. Desde el censo de 1930 y hasta 1950, los porcentajes decrecen lentamente: 0,35 puntos por año en Alava y 0,45 en Navarra. A partir de 1960 esta disminución se acelera, pero ahora más rápidamente en Alava (1% anual) que en Navarra (0,7% anual). En los últimos cinco años, mientras en Navarra prácticamente se estabiliza la proporción de población rural, en Alava continúa descendiendo un 1,2% anualmente.

En Guipúzcoa y Vizcaya el porcentaje de población rural a comienzos de siglo es del 25% Cabe señalar, sin embargo, que en ambas zonas y especialmente en Guipúzcoa habría que sumar como población rural una parte importante del nivel intermedio, debido a la dispersión de las viviendas en muchos municipios.

En cuanto a la evolución Guipúzcoa y Vizcaya pierden 5 y 6 puntos, respectivamente, entre 1900 y 1920. En la década siguiente la población rural de la primera decrece a un ritmo de 0,5 puntos por año y la de la segunda a un 0,32. Entre 1930 y 1950 Guipúzcoa mantiene la misma tendencia, mientras en Vizcaya ésta cambia entre 1930 y 1940, aumentando 2 puntos. A partir de 1950 los índices continúan disminuyendo en ambas provincias, pero sobre todo en Vizcaya. Entre 1970 y 1975 los porcentajes de población rural son ya muy bajos: 4,36% en Guipúzcoa y 3,61% en Vizcaya.

Respecto al nivel de población intermedia, la disminución ha sido continua en todas las provincias menos en Navarra, que ha aumentado un porcentaje elevado a lo largo de todo el siglo. Debemos destacar también el período de 1960 a 1970, en el que Guipúzcoa, Alava y Vizcaya descendieron 11,14 y 8 puntos, respectivamente, en sus porcentajes. Coincidiendo este hecho en Alava y Vizcaya con un importante descenso de su población rural.

La proporción de población urbana ha venido aumentando de forma progresiva en todas las provincias, alcanzando el 80% en Alava, el 82% en Guipúzcoa, el 86% en Vizcaya, y un 44% del total de la población en Navarra. En relación a 1900, estos porcentajes revelan que dicha proporción se ha multiplicado por 2,5 en Alava, por 4,2 en Guipúzcoa, por 4,7 en Navarra y por 2,4 en Vizcaya.

En cuanto a los períodos de fuerte crecimiento de la proporción de población urbana, las cuatro provincias coinciden en la década de 1960 a 1970 como la de máximo incremento. Destacan también los períodos de 1900 a 1920 y 1950 a 1960 en Guipúzcoa; entre 1900 y 1940 en Navarra, las décadas de 1910 a 1920 y de 1950 a 1960 en Vizcaya y ésta última también en Alava.

En conjunto y comparándolo con el País Vasco Sur, el Norte presenta un nivel de urbanización bastante inferior. Zuberoa y Baja Navarra no tienen población urbana en centros mayores de 10.000 habitantes y la de los niveles intermedios es tan sólo del 27% en la primera y del 15% en la segunda.

Lapurdi, por su parte, muestra una proporción de población urbana que ha pasado del 24% en 1901, al 52% en 1975, con dos períodos de fuerte crecimiento: 1921-31 y 1954-62 y uno de descenso: 1931-36. Este último período es significativo en todo el País Vasco Norte, ya que en las tres regiones se constata una disminución de la población en los núcleos urbanos e intermedios y el consiguiente aumento de la proporción de población rural.

10. EL POBLAMIENTO RURAL

En este apartado entraremos en las formas que toma el poblamiento rural en las diferentes regiones. Para ello hemos escogido aquellas comarcas del País Vasco Sur en las que la proporción de población en hábitat rural es la más alta en relación a los conjuntos provinciales.

Dentro del poblamiento rural y desde un punto de vista geográfico se distinguen dos categorías: hábitat disperso y hábitat agrupado. Los condicionantes y características que rodean una y otra forma de poblamiento son numerosos. De manera global los agruparemos en: componentes históricos, físicos o del territorio y socioeconómicos.

La forma de ocupación del territorio en otras épocas, la estructura de la propiedad, las crisis económicas, la realización o no de la revolución agrícola, la situación geo-política, las guerras, etc., son, entre otros factores históricos que, en mayor o menos medida, han influido en la estructura de poblamiento rural que ahora se nos presenta.

Indudable también la influencia del paisaje en la forma de poblamiento: hábitat disperso en las zonas de montaña y hábitat concentrado en las zonas llanas.

Por último, los factores socioeconómicos son los que más claramente pueden explicar las características del poblamiento rural disperso y del concentrado. Dejando a un lado las relaciones campo-ciudad vemos que elementos como los medios de transporte, la actividad agraria y sus productos (huerta, cereal, ganadería), los sistemas de cultivo (intensivo o extensivo) y la estructura de propiedad, entre otros, intervienen en los movimientos de concentración-dispersión dentro del mundo rural. Pero, sobre todo, será el acercamiento al propio territorio, el estudio sobre el terreno, lo que nos dará la clave del porqué de tal o cuál forma de poblamiento.

En el País Vasco Sur, hemos escogido como rurales 16 comarcas: 8 navarras, 4 alavesas, 2 guipuzcoanas y otras 2 vizcaínas. En conjunto representan el 60% de la superficie del País, el 12,6% del total de la población y el 60% de la población rural. De las 16 comarcas, sólo dos (las guipuzcoanas) han aumentado su población entre 1970 y 1975, una ha permanecido estancada (La Barranca) y el resto perdieron población.

En el caso de Vizcaya y Guipúzcoa, la diferencia fundamental entre ambas proviene de la distribución en el territorio de la población rural. En Guipúzcoa, casi el 90% de la población rural se concentra en el Oria Medio y en el Goiherri, mientras que la característica de las comarcas vizcaínas (Encartaciones y Arratia-Nervión) es de despoblamiento en relación al resto de la provincia, con lo que el porcentaje alcanzado es menor.

Alava y Navarra, por su parte, presentan una distribución más homogénea.En Alava la diferencia entre la proporción de territorio y el porcentaje de población en las comarcas rurales es de 6,5 a 1, siendo en Navarra solamente de 2,3 a 1.

En el País Vasco Norte, considerado como zonas rurales Zuberoa y Baja Navarra, destaca el hecho de que ni tan siquiera la distribución de la población rural es homogénea, sino que, al igual que la población urbana, se concentra en la región de Lapurdi.

Al principio de este apartado distinguíamos dos categorías en la ocupación del espacio rural: el hábitat disperso y el concentrado. Ahora añadiremos que cada una de ellas se caracteriza por un elemento inherente a cada forma de poblamiento: la primera por el caserío y la segunda por el pueblo.

Para medir la dispersión de una población utilizaremos, por un lado, la proporción de población en núcleos diseminados según la definición del Nomenclator de pueblos, así como el número de entidades de poblamiento (villas, pueblos, barrios, lugares) por Km2 en cada comarca. De este modo observamos que a medida que avanzamos de Norte a Sur aumenta la concentración de la población en los núcleos rurales, no existiendo prácticamente población dispersa en las comarcas al sur de Pamplona y Vitoria. Destaca también la concentración en los valles Pirenaicos Orientales, a causa de un más difícil medio geográfico en esta zona montañosa.

Fijándonos ahora en las comarcas rurales de población agrupada, destaca la escasa frecuencia de poblamiento en la Ribera Occidental, donde al igual que en la Rioja alavesa, no existen casi entidades de población distintas de los núcleos que constituyen un municipio-pueblo. Son, por ello, estas dos comarcas las más representativas del hábitat agrupado rural.

10.1. El pueblo-centro

Las áreas rurales presentan algunos pueblos que destacan sobre el resto y cumplen el papel de pequeños centros de servicios. En nuestro territorio podríamos definir como tales a los centros comarcales. Su significación es distinta cuando nos encontramos frente al inicio de un proceso de crecimiento industrial.

En el País Vasco Sur, solamente en las comarcas guipuzcoanas y, en menor medida, en las Encartaciones, La Barranca y Los Valles Cantábricos Navarros existe ese entorno industrial dinamizador de alguno de los centros rurales. En el resto, cobra plena validez la figura del pueblo-centro, que se distingue de los demás por un mayor número de funciones y por un volumen demográfico más grande que se mantiene o decrece en una tasa menor que el resto de la comarca.

Los pueblos que tienen este pequeño grado de centralidad en las comarcas regulares son los siguientes:

  • Rioja alavesa: Oyón, Laguardia, Labastida.
  • Valles alaveses: Valdegovía.
  • Estribaciones del Gorbea: Aramayona, Villarreal.
  • Montaña alavesa: Campezu, Maestu.
  • Valles Meridionales navarros: Lecumberri.
  • Pirenaicos Centrales: Esteribar.
  • Pirenaicos Orientales: Roncal.
  • Cuenca Lumbier-Aoiz: Aoiz.

Ninguna de estas comarcas supera los 12.000 habitantes y sólo Oyón alcanza los 2.000 habitantes. En este primer grupo, los pueblos no constituyen centros funcionales y de servicios, si bien son dentro de sus comarcas los de mayor población y, en algunos casos, centros históricos.

En un segundo grupo entrarían los pueblos-centro con poblaciones superiores a los 2.000 habitantes, con un primer nivel de servicios, una tendencia demográfica en alza y nuevas actividades económicas, industriales o de transformación.

  • Ribera Occidental: Lodosa.
  • Navarra Media Oriental: Tafalla.
  • Valles Cantábricos: Navarra, Lesaca, Vera.
  • Encartaciones: Valmaseda.
  • Arratia-Nervión: Miravalles, Orduña.
  • La Barranca: Alsasua.
  • Oria Medio: Tolosa, Andoain.
  • Goiherri: Beasain.

Todos ellos no tienen la misma significación dentro del concepto de pueblo-centro. Este concepto es menos aplicable en los casos de Andoain, Lesaca, Vera y Beasain, ya que constituyen, más bien, centros de fuerte especialización industrial, siendo en sus respectivas comarcas otros núcleos como Tolosa, Elizondo u Ordizia los que cumplen la función de interrelacionar los núcleos rurales de sus respectivas comarcas.

10.2. El caserío

El caserío es, además de una forma de poblamiento, un sistema de explotación agrícola, en el que tierra y campesinado aparecen estrechamente ligados. Como forma de poblamiento su principal característica es la dispersión, el aislamiento geográfico. En la terminología de Pierre George, se puede decir que el caserío constituye la muestra por excelencia de un hábitat agrícola puro.

El caserío, que conoce una época de expansión en tierras altas y forestales en las primeras crisis de la Edad Moderna, se extiende en la mitad norte del País Vasco, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa, en las comarcas de Llodio y Estribaciones del Gorbea y en los Valles Cantábricos navarros.

Basándonos en la obra de Miren Etxezarreta (El Caserío Vasco) pasaremos a describirlo ahora como unidad de poblamiento. El primer elemento del caserío lo constituye la casa: una sola edificación que contiene vivienda, granero y cuadra. Se levanta junto a su parcela o en el centro de ella y ésta es precisamente la causa de su aislamiento. El segundo es la tierra, clasificada en tres niveles diferentes: la huerta, los prados y pastos, y las tierras dedicadas a la explotación forestal. Otro elemento es la ganadería, que ha aumentado su importancia hasta el punto de que hoy constituye la actividad principal de muchos de ellos. Por último, un elemento perteneciente a su estructura y que configura su paisaje: las vías de comunicación, adaptadas ya en su mayoría a la figura del automóvil.

 10.3. La constitución de los núcleos rurales

En relación a la estructura de estos centros nos encontramos ante tres situaciones generales. En primer lugar, aquellos centros históricos con una estructura urbana bien definida, de planos regulares: ciudades medievales como Laguardia y Labastida. En segundo, situamos los centros agrícolas de planos irregulares cuyo crecimiento se apoya en aspectos locacionales como lugares de paso o pequeños mercados. Un último grupo constituido por núcleos de reciente crecimiento, vinculados a la actividad industrial: en el Oria Medio, Goiherri, Encartaciones y La Barranca.

Mención aparte merecen las estructuras pluricelulares que se dan en los Valles navarros y también en algunos vizcaínos, donde predomina el poblamiento disperso. En su mayoría se trata de pequeños enclaves asociados a una iglesia, mansión señorial o a un grupo de caseríos. El núcleo principal está siempre ligado al paso de la carretera y se convertirá en el centro de servicios y transportes.

11. LA FRANJA RURAL-URBANA

La expansión de la ciudad ha creado este concepto, que podríamos definir como un espacio en el que el poblamiento urbano presenta características distintas en cuanto a valores y usos del suelo en relación a la existencia del ente urbano. Es además un espacio que va a ocupar la ciudad en su inmediato crecimiento y donde la urbanización choca con el hábitat rural.

Desde el punto de vista geográfico es un espacio dinámico, en constante cambio. Su característica principal proviene de la movilidad que actividades y personas tienen en la franja, siendo por ello una zona de contrastes. Esta falta de concreción teórica y la naturaleza cambiante de este espacio dificultan la tarea de delimitar la franja rural-urbana en las ciudades. Sin embargo, la forma más clara de identificar la misma proviene de su propia denominación, es decir, de la existencia de contacto entre un hábitat rural y urbano: explotaciones agrícolas junto a fábricas, colegios u hospitales.

En el País Vasco éste no es un concepto aplicable solamente a las aglomeraciones urbanas de Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Pamplona y Bayona, sino que también podrían definirse espacios similares en Durango, Llodio, Eibar, Mondragón, Tudela, etc.

12. EL POBLAMIENTO URBANO

En este apartado nos centraremos especialmente en los aspectos relacionados con las poblaciones urbanas, su crecimiento y significado en el País Vasco.

La ciudad constituye para nosotros la expresión tangible del concepto más abstracto de urbanismo. En este sentido, la forma, las funciones y el desarrollo de las ciudades vascas serán los aspectos concretos sobre los que alternaremos visiones generales y ejemplos concretos.

Tomando como punto de referencia la industrialización podemos plantear una división de etapas, tanto en cuanto al crecimiento de las ciudades como sobre todo a la forma del mismo.

12.1. El crecimiento urbano

En Alava, la primacía de Vitoria alcanza al 78% de la población, siendo la Comarca Cantábrica la única de Alava que, junto a la Llanada, está industrializada. El resto de las comarcas son predominantemente. rurales y ningún municipio sobrepasa los 2.000 habitantes. La población activa en el sector primario se sitúa entre el 40% y el 50% en las comarcas del sur y el 23% en las Estribaciones del Gorbea.

En la estructura espacial vizcaína sobresale una comarca monstruo, en la que sólo dos ciudades (Bilbao y Baracaldo) sobrepasan el 50% de la población provincial. En contraste con el Gran Bilbao, el resto de las comarcas presentan una estructura de poblamiento más dispersa, a pesar de que Durango y Guernica son centros comarcales de cierta entidad.

La red urbana de Navarra muestra una estructura espacial en transformación, en la que la capital aumenta su primacía sobre el resto de la provincia. Su principal característica es la ausencia de pequeñas ciudades intermedias capaces de organizar espacios funcionales fuera de la Cuenca de Pamplona. Únicamente la Ribera y la Navarra Media Occidental presentan núcleos funcionales: Tudela, Estella y Tafalla, que jerarquizan la estructura urbana de sus respectivas comarcas. En el resto de las zonas la estructura es tan atomizada que impide la creación de espacios comarcales jerarquizados y funcionales.

Guipúzcoa, por el contrario, posee una estructura espacial bien jerarquizada y regular, configurando un conjunto provincial de dispersión aceptable.

12.2. Las formas de crecimiento

Su descripción admite diversos enfoques; los más generales son: los funcionalistas, centrados en la división de la ciudad por funciones, es decir, su especialización y crecimiento; el análisis de la localización de las ciudades, su evolución, elementos morfológicos y el estudio del plano; y por último el histórico. De alguna manera los dos últimos enfoques han sido ya tratados en el presente trabajo, por lo que nos ceñiremos aquí al primero de ellos.

La concentración y la especialización son los dos elementos inherentes al proceso de urbanización. En cuanto al proceso de especialización podemos establecer una clasificación de las ciudades en base a sus distintas funciones.

— Ciudades que constituyen principalmente centros administrativos, profesionales y comerciales (Bilbao, San Sebastián, Pamplona, Vitoria, Bayona).

— Centros comerciales con alguna industria (Guernica, Estella, Tudela, Azpeitia, Azcoitia, Mondragón, Irún, Tolosa).

— Ciudades y núcleos suburbanos de marcado carácter industrial —industria pesada— (Baracaldo, Portugalete, Sestao, Durango, Zumárraga, Eibar, Anglet).

— Principales núcleos residenciales (Guecho) y otros más pequeños de carácter turístico y residencial para clases altas (Fuenterrabía, Zarauz, Plencia, Biarritz).

— Núcleos residenciales exclusivos de clases medias y bajas (Lejona, Ermua).

— Núcleos suburbanos principalmente residenciales, pero con un importante componente industrial (Basauri, Galdácano, Amorebieta, Elgóibar, Rentería, Beasain, Andoain, Llodio).

El País Vasco presenta cinco puntos de concentración industrial y urbana, todos ellos en tomo a las capitales administrativas regionales. Si no consideramos los núcleos industriales que forman parte de las Areas Metropolitanas de las capitales, Alava posee un único centro de concentración de este tipo, Navarra 2, Vizcaya 5 y Guipúzcoa 10.

12.3. La primacía de las ciudades

Como sistema de comparar la concentración relativa y la jerarquía entre las cinco regiones hemos elaborado un índice de primacía de la ciudad principal en cada caso.

Fijándonos primero en el conjunto del País Vasco, se observa como el índice de primacía se ha mantenido en alza hasta 1960 en que aparece una tendencia clara de descenso de la primacía de Bilbao. En la década bélica, la primacía de la capital vizcaína desciende casi tres puntos, indicando que ésta se vio afectada por dicho conflicto en mayor medida que el resto de las capitales del País Vasco. En cuanto a los niveles provinciales, Bilbao y San Sebastián han llevado una evolución similar: Bilbao crece hasta 1950 no muy deprisa y cae desde entonces; San Sebastián crece fuertemente hasta 1940, alcanzando casi el nivel de primacía de Bilbao, para a partir de aquí descender rápidamente hasta la actualidad.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse el mayor índice de primacía corresponde a Vitoria, aunque desde 1920 ha crecido poco, manteniéndose prácticamente estable. En el caso de Pamplona, el crecimiento del índice de primacía fue espectacular entre 1920 y 1950. Posteriormente muestra un trazado irregular y probablemente una tendencia de descenso; no obstante, su índice es bastante superior a los de Bilbao y San Sebastián.

La evolución del índice de Bayona es irregular; la tendencia general es de descenso, ya que tanto Anglet como Biarritz crecen más rápidamente que ella.

12.4. Los ensanches

A finales del pasado siglo y a lo largo del actual se suceden los ensanches en las principales ciudades vascas, que constituyen un modelo de crecimiento urbano dirigido y ordenado. Estos primeros ensanches han formado en las cinco capitales los actuales distintos centrales de negocios, conocidos por el término anglosajón de «CBD».

En cierto modo, el tamaño de los sucesivos ensanches está en función del tamaño urbano y de la expansión prevista en ese momento para la ciudad. De la misma manera y desde el punto de vista funcional, las necesidades y los valores del suelo vendrán determinados en cada caso por el crecimiento de la Banca principalmente y de las funciones terciarias. En este sentido la especialización funcional del ensanche como centro de servicios financieros y comerciales se produce de manera rápida sólo en Bilbao. En los restantes, la delimitación del área de servicios viene determinada por la construcción de edificios de carácter público.

A pesar de ciertas diferencias, todos los ensanches generalizan el plano en cuadrícula, cuyo perímetro se adapta en cada caso a la forma física del territorio.

12.5 El crecimiento suburbano

Paralelamente al desarrollo de las capitales se produce en Bilbao y, en mucha menor medida, en San Sebastián, un espectacular crecimiento suburbano, como consecuencia de la rapidez y del tipo de industrialización en ambas zonas. La ciudad crece entones en la periferia y es aquí donde el urbanismo presenta la cara opuesta del ensanche de la ciudad central.

La segregación social espacial tiene un claro ejemplo en el Area Metropolitana de Bilbao: la especialización residencial y de esparcimiento para clases medias-altas en la margen derecha supone, frente a las aglomeraciones urbanas, especialmente degradadas de la margen opuesta, uno de los mayores contrastes urbanos del País.

En las Areas Metropolitana de Bilbao, San Sebastián y Bayona el crecimiento de los núcleos suburbanos es superior al de las ciudades centrales. Este fenómeno no va más allá del volumen de población ya que, a falta de núcleos descentralizadores, la ciudad central aglutina los servicios urbanos y las funciones terciarias, provocando un alza constante del valor del suelo. Lo que a su vez motiva la expulsión de esta área de actividades secundarias, residenciales y comerciales inferiores.

En Pamplona y, sobre todo, en Vitoria, no se plantea el crecimiento urbano a partir de los centros suburbanos. Así, frente a la dualidad de los núcleos suburbanos de Vizcaya y Guipúzcoa, que tienden a una especialización residencial (ciudades dormitorio) o industrial, éstas capitales muestran un crecimiento en mancha de aceite, en el que el espacio queda especializado por zonas concéntricas y por sectores.

Por último, señalar la importancia de las vías de transporte (autopistas, variantes y circunvalaciones) dentro del paisaje urbano, ya que su construcción y trazado inciden especialmente en el crecimiento de los centros suburbanos.

12.6. El crecimiento de la ciudad

Podemos diferenciar dos niveles en el crecimiento de la ciudad: por un lado, la ciudad crece a través de la extensión de su tejido urbano y, por otro, como consecuencia de la renovación urbana.

Junto al aumento del volumen edificado y el incremento de la densidad, la renovación urbana provoca también una transformación funcional de las distintas áreas urbanas. Esta se manifiesta, además de en los cambios lógicos producidos por el desarrollo tecnológico, de consumo, etc., en la tendencia a la sectorialización de las actividades urbanas y a la especialización de las diferentes áreas en alguna o algunas de ellas.

Pero fundamentalmente, la pauta de crecimiento viene marcada por la extensión de la ciudad. En este sentido, el crecimiento actual aparece muy limitado tanto en Bilbao como en San Sebastián, e igualmente en muchos otros núcleos de ambas áreas metropolitanas.

Centrándonos en el crecimiento del casco urbano, el esquema del ensanche ha tenido que adaptarse a los nuevos condicionantes urbanos, especialmente al transporte en general y al automóvil en particular. La armonía que, hasta cierto punto, le caracterizaba ha quedado rota por el crecimiento descontrolado que se generaliza a partir de 1960, cambiando totalmente el paisaje y la imagen de la ciudad. Elementos como el aumento de densidad, las manzanas abiertas, la incidencia del automóvil, la falta de espacios verdes, las deficiencias en la provisión de los equipamientos públicos y la carencia de subcentros urbanos configuran este nuevo urbanismo.

 

EVOLUCION DE LA POBLACION EN EL PAIS VASCO 1900-1975

1900 base 100

Población 1900 1910 1920 1930 1940   1950 1960 1970  1975
Urbana 100 125  181  232 290  342  409 823  943
Intermedia 100 108  106  118 112 120 129 110 110
Rural 100 98  99  96  93  88  80  66  61
Total 100 108 120 136 145 158 195 255 280

 

 NIVEL DE URBANIZACION EN EL PAIS VASCO 1900-1975

(% sobre población total)

Población 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1975
Urbana 22,67 26,19 34,22 38,73 45,19 48,87 58,13 73,19 76,23
Intermedia 39,68 39,69 34,86 31,52 30,68 30,20 26,33 17,09 15,64
Rural 37,65 34,12 30,92 26,75 24,13 20,93 15,54 9,72 8,13
  100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00

 

NIVEL DE URBANIZACION EN ESPAÑA 1900-1970

(% sobre población total)

Población 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970
Urbana 32,20 35,00 38,69 42,87 48,81 52,08 56,78 66,48
Intermedia 40,26 39,52 38,10 36,63 32,83 31,18 28,70 22,52
Rural 27,54 25,48 23,21 20,50 18,36 16,74 14,52 11,00
  100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00

Fuente: Elaboración propia a partir de los censos del INE.

 LOCALIZACION DE LOS MUNICIPIOS Y COMUNAS

 MENORES DE 1.000 HABITANTES

En el mapa podemos observar las siguientes zonas en las que predominan los municipios de escasa población: en Guipúzcoa la cuenca de Oria; en Alava la Rioja; en Navarra la tierra de Estella, la zona pirenaica y también la Cuenca de Pamplona; en Vizcaya las zonas de Mungía y Gernica; y en el País Vasco Norte todas las comarcas de interior. Por el contrario, destacan como áreas en las que los núcleos son mayores de 1.000 habitantes: la Ribera Navarra, la comarca Cantábrica y las Estribaciones del Gorbea en Alava, el Gran Bilbao,

 

TERCERAPARTE

 EL SISTEMA URBANO VASCO

INTRODUCCION

El sistema se define como un conjunto de objetos más las relaciones entre esos objetos y entre los atributos de los mismos. Un conjunto de ciudades y asentamientos humanos que establecen relaciones entre sí, de forma más o menos permanente, constituyen un sistema urbano. En nuestro caso, los objetos son las ciudades; sus atributos el tamaño, población, forma, tipo de funciones y actividades que realizan. Las relaciones son la posición de las ciudades en el espacio, el número de ciudades de cada tamaño que hay en el sistema, las complementariedades funcionales, las interacciones y flujos y la jerarquía y grado de dependencia entre las ciudades del sistema.

Para cuantificar las relaciones entre ciudades, o, lo que es lo mismo, la estructura del sistema urbano, se utilizan diversos indicadores: índice rango-tamaño (que cuantifica la distribución por tamaños), índice de Clark- Evans (que cuantifica la distribución espacial), e índice Nelson (que cuantifica la distribución funcional del sistema).

El estudio de los diferentes sistemas urbanos corresponde a diversas ciencias, según se trate de relaciones de tipo económico, social, cultural, tecnológico, etc. Sin embargo, las relaciones más frecuentemente estudiadas han sido las económicas. Por ello, gran parte de la teoría de sistemas urbanos ha sido desarrollada por economistas (teoría económico-espacial), aunque los modelos actualmente más significativos y los más universalizados deben su origen a estudios geográficos.

Con sus trabajos, los geógrafos han puesto de manifiesto la insuficiencia de los modelos puramente económicos. En los análisis geográficos de los sistemas urbanos nos interesa considerar todo tipo de relaciones entre los asentamientos humanos. Nosotros tenemos en cuenta todos los valores y elementos que configuran la vida de la ciudad. Hablamos de sus funciones, establecemos una jerarquía urbana que definirá la estructura interna del sistema y utilizamos el concepto de centralidad como la capacidad de atracción que tiene un núcleo urbano dentro de una región.

1. EL SISTEMA URBANO DEL PAÍS VASCO Y EL ANÁLISIS REGIONAL

Si consideramos el País Vasco en conjunto, observamos que, debido a la frontera internacional, todo el territorio no se encuentra integrado en un único sistema urbano. Sin embargo, a pesar de este condicionante, las relaciones entre ambos lados de la frontera son muy intensas, especialmente entre las Areas Metropolitanas o Comarcas de San Sebastián y Bayona.

En el País Vasco Continental encontramos dos áreas de influencia: la de Bayona y la de la antigua capital bearnesa de Pau.

En el País Vasco Peninsualr, las ciudades de Vizcaya y Guipúzcoa ejercen su influencia en sectores de La Rioja, Santander, Burgos, Alava y Navarra. De aquí que Ferrer y Precedo hablen en sus trabajos del «sistema urbano vasco-periferia».

Los estudios sobre sistemas urbanos han sido muy variados y complejos, y se relacionan muy directamente con el tema de la regionalización. En este sentido podemos afirmar que el análisis de sistemas urbanos aporta los principales criterios para una regionalización funcional.

Los estudios que utilizaban el prisma de la economía partían del concepto de «polo de crecimiento» de Perroux o del de «polarización», de Boudeville. La concentración urbana de Guipúzcoa y Vizcaya quedaba explicada por el rápido crecimiento durante este siglo de las actividades fabriles en el Valle del Nervión, y dentro del área guipuzcoana, en el Valle del Deva, Goiherri y zona próxima a la capital, sobre todo en las últimas décadas.

Las regiones urbanas de Vizcaya y Guipúzcoa, en el período de mayor crecimiento (1950-1970), ejercían un efecto difusor («spread») del desarrollo sobre su periferia regional, así como otro degradante y regresivo («backwash ») sobre sus entornos más próximos, despoblando las áreas rurales y aumentando las diferencias entre la renta per cápita de la zona urbana y de la rural.

Aparte de los trabajos en este sentido de Sáenz de Buruaga, recordamos aquí los de Perpiña Grau, quien utilizó una terminología propia para señalar las diferencias de concentración de la población. Así nos habla de la dasicora vasca (Vizcaya y Guipúzcoa), como áreas de alta densidad urbano-industrial, de la aerocora próxima (Alava, Santander, Oviedo) y de una zona «alejada», desde un punto de vista funcional y no físico; integrada por Navarra, Logroño y Burgos.

Otra aportación reciente es la teoría centro-periferia de Friedmann, que no parece que pueda aplicarse claramente en el caso del País Vasco, ya que la densidad de poblamiento y las ligazones industriales entre los distintos núcleos, especialmente en la industria del hierro, existían antes del proceso de urbanización e industrialización modernos. Baste recordar el caso de las ferrerías, la industria armera del Valle del Deva y la minería de la Encartaciones. La aparición de subcentros, y su articulación en el sistema urbano del País no presenta tampoco en Vizcaya y Guipúzcoa las características señaladas por este autor.

La teoría centro-periferia tiene sentido aquí si consideramos a Vizcaya y Guipúzcoa como regiones nodales, a partir de las cuales se difunden las innovaciones tecnológicas. De este modo, gran parte de la industria localizada en los diversos polígonos industriales vitorianos tendría su origen en el valle del Deva.

En los últimos años se han introducido métodos que permiten considerar un gran número de variables. Entre ellos destaca el de la taxonomía numérica y el análisis factorial. Siguiendo este último Rusines concluye en una región comprendida por Guipúzcoa, Alava, Vizcaya, Navarra, Logroño y Burgos, mientras que Aznar distingue una región nodal formada por Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, y una periferia comprendida por Santander, Burgos, Logroño y Navarra.

En el estado francés las regionalizaciones de tipo administrativo tienen una mayor implantación que las de tipo histórico. En el caso del País Vasco Norte, estos límites administrativos suponen una traba importantísima para la integración urbana, ya que está incluido en el departamento de los Pirineos Atlánticos que pertenece, a su vez, a la región de Aquitania y está además dividido en tres distritos.

Desde el punto de vista urbano el territorio del Norte tiene algunas características de región periférica, según los criterios de la ciencia regional: fuertes dependencias del sector terciario de otros núcleos, tamaños urbanos mínimos, alto porcentaje de dedicación agrícola en Baja Navarra y Zuberoa. Dejando a un lado la concentración del área metropolitana de Bayona, en la que se localiza casi todo el peso industrial, la especialización más destacable corresponde al turismo.

2. LA FORMACIÓN DEL SISTEMA: CONDICIONANTES HISTÓRICOS

Un rasgo común a todos los sistemas urbanos es la modernidad. En el pasado, en la medida en que existían interrelaciones entre las ciudades, podemos hablar de sistema urbano, pero teniendo en cuenta que los sistemas son más consistentes y están más integrados conforme avanza el progreso técnico.

En nuestro marco geográfico la urbanización es tardía con respecto a otras regiones europeas. El proceso de fundación de las villas vascas se remonta tan sólo a la Baja Edad Media, dentro de la política repobladora y planificadora de los monarcas y con finalidades defensivas, económicas, comerciales, etc. A pesar de los conflictos entre los habitantes de las villas y los de la «tierra llana», pronto los primeros ejercieron el control político del territorio.

La aparición de estas villas condicionó las formas urbanas que van a caracterizar al País Vasco actual, siendo la base del proceso de urbanización que irrumpirá claramente a mediados del XIX con el despegue demográfico. En esos momentos, existía ya en la costa una estructura de asentamientos cuya densidad y funciones fabriles permite hablar de una escala urbana» de relaciones. Aunque los núcleos eran de pequeño tamaño, su abundancia y concentración suponía un potencial favorable al surgimiento de una vida urbana intensa. Va a ser precisamente aquí, en la zona de mayor densidad de poblamiento, donde van a surgir las ciudades a la larga más importantes, con un mayor número de funciones urbanas y con una mayor actividad fabril.

Podemos resumir en dos los condicionantes históricos de la formación del sistema urbano vasco: la fundación de villas medievales y el impacto de la industrialización en las provincias costeras.

3. ESTRUCTURA DEMOGRÁFICO-ESPACIAL

La incidencia de la industria moderna en este sistema urbano produjo un cambio notable en la distribución rango-tamaño en toda la estructura urbana. Este fue especialmente significativo en las regiones costeras durante el período de 1875 a 1900, con la primacía de Bilbao.

En la actualidad, el sistema urbano del País Vasco tiene una estructura demográfico-espacial con una primacía de poco resalte encabezada por Bilbao y a la que siguen las Comarcas o Áreas Metropolitanas de San Sebastián, Pamplona, Vitoria y Bayona. Se trata de una distribución muy próxima a la de la regla rango-tamaño, con tendencia a una distribución de tipo binario, ternario, etc., en su evolución temporal, conforme las capitales que ocupan los puestos 2.º 3.º 4.º y 5.º en la jerarquía urbana pueden ir adquiriendo tamaños semejantes.

A pesar de que esta jerarquía urbana ha parecido óptima a muchos especialistas, las estructuras urbanas subregionales no presentan estas características si analizamos una por una las distribuciones de cada provincia.

En Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi los núcleos urbanos tienden a unirse físicamente, apareciendo en ocasiones como algo continuo, de tal manera que las divisiones administrativas municipales no se corresponden con la realidad de las unidades urbanas. Por ello, los límites de estas áreas metropolitanas son tan difíciles de fijar.

Si descendemos a la escala subregional, las estructuras demográfico-espaciales se hacen más diversas. Si consideramos el área metropolitana de Bilbao como unidad demográfica nos daría una distribución con una primacía muy marcada. Por el contrario, si consideramos a Vizcaya sin los municipios integrantes de dicha área resultaría una distribución semejante a la de los sistemas urbanos de regiones agrarias.

En Guipúzcoa tendríamos una distribución primada si agrupásemos los ocho municipios del área metropolitana de San Sebastián; y en Lapurdi los de Bayona-Anglet-Biarritz. Sin realizar estas agrupaciones, la distribución es ligeramente primada en Guipúzcoa y en el caso de Lapurdi se asemeja más a una distribución ajustada a la regla rango-tamaño.

Las distribuciones de ciudades de Alava y Navarra son de marcada primacía, mientras que Baja Navarra y Soule representan subsistemas agrarios en los que el núcleo mayor tiene un peso demográfico de poca relevancia.

4. JERARQUIA URBANA Y AREAS DE INFLUENCIA

Desde los comienzos de la industrialización hasta la década de los 70, la tendencia ha sido hacia una mayor jerarquización. A partir de 1970 se ralentiza el proceso y el crecimiento de las ciudades de la vertiente atlántica ha sido menor del esperado.

En la actual jerarquía urbana hay distintos niveles: en el primero se halla el Area Metropolitana de Bilbao, en el segundo las de San Sebastián, Vitoria, Pamplona y Bayona, en el tercero encontramos núcleos como Eibar, Irún, Bermeo, Durango, Alsasua, Tudela, Tafalla, Tolosa, etc., en el cuarto nivel se integran Elgóibar, Zarauz, Azpeitia, Azcoitia, Llodio, Amurrio, Balmaseda, Salvatierra, etc. y así sucesivamente se irán agregando pequeños núcleos que giran en torno a los centros anteriores.

Si comparamos este sistema urbano con los modelos de Christaller y de Losch, vemos que presenta mayores semejanzas con el de este último. Losch parte, al igual que Christaller, de un espacio isotrópico en el que sitúa los lugares centrales con sus respectivas áreas de influencia hexagonales; pero hace coincidir en un único punto (ciudad) todos los tipos de bienes y servicios. Y sobre este punto hace girar, superpuestos los distintos tramos de áreas de influencia correspondiente a cada tipo de lugar central, hasta lograr que todos los bienes y servicios se concentren en el menor número posible de puntos (ciudades). El esquema resultante fue el de unos sectores que, partiendo de la primera ciudad, concentraban mayor número de bienes y servicios, mientras que los sectores que alternaban con éstos concentraban muy pocos. Losch llamó a este esquema de «ciudades ricas y ciudades pobres», en el que los niveles ya no eran un número fijo, como en Christaller, sino toda la combinación posible de bienes y servicios.

Aún advirtiendo mayores semejanzas con el modelo de Losch, creemos que es un intento inútil querer encontrar regularidades geométricas en un espacio geográfico concreto. Sin embargo las ideas de área de influencia, área de mercado, jerarquía urbana y grado de centralidad son útiles para establecer comparaciones entre los sistemas urbanos, al tiempo que posibilitan una mejor comprensión de los mismos, de su estructura, mecanismos de formación y evolución.

Volviendo al caso concreto del sistema urbano del País Vasco, gran parte de los núcleos urbanos quedan bajo la influencia de las capitales, pero hay otros, situados más en la periferia (zona Sur de Alava y la Ribera de Navarra) que escapan del espacio vasco, pasando a depender de Miranda de Ebro y Logroño.

En lo que respecta a las relaciones entre las ciudades principales, en primer término se sitúan las de Bilbao, San Sebastián y Bayona, unidas estrechamente por los actuales ejes de comunicación. En un segundo lugar se encuentran las de Bilbao y Vitoria, por un lado, y las de San Sebastián y Pamplona, por otro. Y en un tercer nivel se hallan los importantes flujos producidos entre el Valle Medio del Deva (Eibar-Elgóibar) y el Valle del Ibaizábal (Durango-Elorrio), y entre el Alto Deva (Mondragón-Oñate) y Vitoria. Existen también flujos importantes entre la zona noroeste de Navarra (Lesaca, Vera...) y las comarcas de San Sebastián y el Bajo Bidasoa (Irún-Fuenterrabía), mientras que Alsasua, en la Burunda, establece relaciones con el Alto Urola y Goiherri.

Dentro del actual marco autonómico, la tendencia se dirige hacia una mayor descentralización de las funciones terciarias y cuaternarias. La administración vasca tiene su capitalidad en Vitoria, lo que sin duda contribuirá a potenciar especialmente el sector cuaternario de esta ciudad. El actual empeño es seguir manteniendo el papel industrial de Bilbao, el proyecto del Superpuerto y la ampliación de Sondica, en competencia con Foronda, auguran un incierto futuro no sólo para la capital vizcaína sino para toda la política de ordenación del territorio vasco. Al quedar Navarra fuera de la Comunidad Autónoma, Pamplona asumirá un mayor papel dentro de su provincia y, dadas las relaciones existentes entre las dos administraciones, es posible que se dificulte el necesario entendimiento para la ordenación del territorio y el análisis global de Euskal Herria.

Como conclusión, tenemos un Sistema Urbano que presenta el siguiente esquema:

a) Subsistema Litoral

En él encontramos a Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi. En la primera sobresale la fuerte concentración del Area del Gran Bilbao. En Lapurdi destaca el papel concentrador y succionador de Bayona y su área próxima. El caso guipuzcoano llama la atención por su dispersión en una serie de núcleos de población, pequeños y medianos, a la cabeza de los cuales se sitúa la Comarca de San Sebastián.

 b) Subsistema interior

A él pertenecen Alava, Navarra, Baja Navarra y Zuberoa. A diferencia del anterior, aquí la fuerte concentración sólo se produce en el caso de Vitoria, si bien Pamplona presenta índices claros de aumento y concentración demográfica, funcional y de servicios, existe una red urbana de centros intermedios que pueden ejercer un papel compensador, al igual que en Guipúzcoa.

En Baja Navarra y Zuberoa predomina la dispersión en pequeños núcleos, dentro de una tendencia general de despoblamiento.

En función de lo comentado, podemos hablar de la formación de ciertos ejes, a través de los cuales se desarrollan una serie de flujos que unen los núcleos de población, con su correspondiente jerarquía, dando lugar a la formación de redes y áreas urbanas.

En primer lugar tenemos un eje longitudinal formado por Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi litoral. Existen además tres ejes transversales que inciden en el primero: Vizcaya-Alava, Guipúzcoa-Navarra y Lapurdi litoral- Lapurdi interior-Baja Navarra-Zuberoa.

En el futuro podrá hablarse de otros ejes como los de Alava-Navarra, Navarra-Baja Navarra-Lapurdi-Zuberoa y aquellos que puedan establecerse con otros territorios próximos: Landas, Bearne, Rioja, Santander, Burgos.

4. ANALISIS ESPACIAL DIFERENCIAL

En este apartado indicaremos las distintas unidades que diferenciamos en el País Vasco desde un punto de vista espacial, al margen de las relaciones que se establecen dentro de cada territorio y entre los distintos elementos del sistema urbano, a las que ya nos hemos referido anteriormente.

En Guipúzcoa encontramos una jerarquía urbana el frente de la cual está San Sebastián y su área periférica. Esta última está integrada por los municipios de Pasajes, Rentería, Lezo, Oyarzun, Hernani, Usurbil y Urnieta, que forman una conurbación con la capital. En los siguientes niveles de la jerarquía se sitúan una serie de áreas en las que predominan las formas de poblamiento urbano, con áreas rurales y mixtas intercaladas, que se presentan de forma puntual siguiendo los ejes transversales de los valles de los ríos guipuzcoanos y el litoral.

Aunque desde el punto de vista espacial esta estructura urbana puede considerarse equilibrada, no hay que olvidar que el pequeño de la provincia y su abrupto relieve hacen que la escasez de suelo apto para edificaciones sea uno de sus mayores problemas. Además si aplicamos el criterio internacional que considera como no aprovechables terrenos con pendiente superior al 10% vemos como el terreno disponible queda reducido a la decimoctava parte del total provincial.

A esta dificultad hay que añadir la desigual, irregular-y, en ocasiones, anárquica estructura interna de la mayoría de los núcleos urbanos, en los que la falta de planificación, la especulación y el incumplimiento de la legislación han dado lugar a una fuerte congestión y a la mezcla de residencias y establecimientos industriales, con los lógicos perjuicios para ambos.

Otros rasgos señalables de la estructura urbana guipuzcoana son:

— la formación de microurbanizaciones (Azpeitia-Azcoitia, Andoain- Villabona, Zumárraga-Urretxu, Mondragón-Arechavaleta, Beasain- Ordicia-Lazkao-Olaberría, Irún-Fuenterrabía).

— las conurbaciones lineales, formadas por las localidades que se extienden de forma continuada siguiendo los valles de los ríos Deva, Oria y Urola.

En Vizcaya podemos distinguir el Gran Bilbao y los distintos valles. En el Gran Bilbao, M. Ferrer y A. Precedo diferencian el Bilbao Central del área submetropolitana y el área suburbana; mientras que García Merino denomina a los dos últimos área suburbana y área periurbana respectivamente.

Dentro de los valles tenemos:

1) Las Encartaciones (Balmaseda, Aranguren, Sodupe, Zalla, etc.)

2) La Costa (Gernika, Markina y Munguía)

3) Altos Valles del Nervión (Orduña y Otxandiano)

4) Valles Medios del Nervión y del Ibaizábal (Durango, Lemona, Elorrio y Amorebieta) Estas áreas presentan en general una densidad pequeña con una variada gama de actividades, ofreciendo excelentes perspectivas para la descongestión del Gran Bilbao.

En Alava diferenciamos tres conjuntos: el Valle del Alto Nervión alavés, el área de Vitoria y los núcleos o ejes secundarios.

El desarrollo del Valle del Alto, Nervión Alavés, con Llodio y Amurrio como núcleos fundamentales, es consecuencia de la expansión bilbaína. En el caso del área de Vitoria éste, iniciado a partir de 1957, se debe a la expansión del Valle del Deva guipuzcoano y a la llegada de capitales bilbaínos y guipuzcoanos. Su crecimiento se ha realizado a espensas de la Llanada, ejerciendo sobre ella y sobre la mayor parte de la provincia un efecto succionador y depresivo, al concentrar en la capital el 74% de la población provincial.

Los núcleos y ejes secundarios inician su desarrollo a partir de 1968-70, con la implanatación de polígonos industriales impulsados por la Diputación Foral a fin de descongestionar el área de Vitoria. Es el caso de Oyón, Salvatierra-Araya-Alegría, Santa Cruz de Campezo, Villareal, Iruña de Oca y Zambrana.

En Navarra nos encontramos con Pamplona y su área metropolitana (Villava, Huarte, Egués, Burlada, Ansoain, Cizur, Galar, Elorz, Aranguren, Olz, etc.) por un lado, y por otro una serie de núcleos de población, de distintos niveles y jerarquía que se reparten entre los conjuntos comarcales navarros de los Valles Cantábricos, Valles Meridionales, Barranca-Burunda, Valles Pirenaicos Centrales, Valles Pirenaicos Orientales, Cuenca de Pamplona, Cuenca de Aoiz-Lumbier, Navarra Media Occidental, Navarra Media Oriental, Ribera Estellesa y Ribera Tudelana.

Según A. Precedo, sólo la Ribera Tudelana, la Navarra Oriental, la Navarra Media Occidental y la Montaña tienen, desde el punto de vista de la estructura de la red urbana, un dispositivo urbano-espacial adecuado para organizar espacios funcionales. Señala además que la red urbana posee un grado de jerarquización adecuado, si bien debiera corregirse la tendencia a la concentración en Pamplona y su área metropolitana.

En el País Vasco Continental podemos diferenciar el Lapurdi litoral de las tierras del interior. En el Lapurdi litoral destaca la primacía de Bayona, que ejerce efectos positivos en el litoral y negativos y succionadores respecto a las tierras del interior, y forma un área conurbana con Biarritz y Anglet. Como conjuntos urbanos podemos señalar los de: Bayona-Anglet-Biarritz, San Juan de Luz, Ciboure, Hendaya Behobia y el de Bidart-Guéthary.

Las tierras interiores se inician con el «pospaís» del Lapurdi litoral que está formado por los cantones de Ustaritz, Espelette y Hasparren. El Lapurdi interior se enmarca, por un lado, en un paisaje de colinas que se extiende por la Baja Navarra septentrional a través de los cantones de Labastide-Clairence, Iholdy, Saint Palais y por la Zuberoa septentrional que corresponde al cantón de Mauleón-Licharre. Por otro, existe un sector montañoso que se localiza en las tierras meridionales de Baja Navarra y Zuberoa, comprendiendo los cantones de Baigorry, San Juan Pie de Puerto y Tardets-Sorholus.

En general, todas estas tierras interiores registran pérdidas de población, encontrándose en una etapa de depresión. En su jerarquía urbana destacan en Lapurdi: Hasparren, Cambo-les-Bains, Ustaritz y Espelette; en Baja Navarra: Saint Palais, Baigorry, San Juan pie de Puerto y Bidache; y en Zuberoa: Mauleón-Licharre. De todos estos núcleos la primacía industrial la tienen Hasparren, Mauleón y Saint Palais.

6. ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL SISTEMA Y LAS ÁREAS URBANAS

Como ya hemos indicado en otro momento, el sistema urbano vasco con los subsistemas en que se divide no está aislado, sino que mantiene estrechos contactos con otros sistemas y áreas provinciales próximas. Así hay que tener presentes las relaciones que se establecen a través de flujos económicos con las áreas de Santander, Burgos, Logroño, Valle del Ebro, Las Landas y el Bearne. El resultado se refleja en numerosas interdependencias funcionales, que son más numerosas y evidentes cada día.

Al objeto de completar la información sobre las características del sistema urbano y el análisis espacial diferencial, vamos a detenemos en algunos aspectos funcionales y en los principales ejes de comunicación.

En el Subsistema litoral, los tres núcleos principales: Bilbao, San Sebastián y Bayona, organizan un complejo mundo de actividades industriales, financieras, comerciales y de servicios.

En Bilbao se localiza el 85% del empleo provincial, en San Sebastián el 45% y en Bayona y su área próxima el 80% En el área del Gran Bilbao encontramos un importante sector de industrias básicas, entre las que destacan la metalurgia y la química, otros sectores industriales como el del papel y el de la construcción, y una amplia gama de servicios financieros, comerciales, de asesoramiento a empresas, de transportes, servicios personales y actividades de esparcimiento. Gran parte de estas actividades tienen su principal mercado en la propia aglomeración bilbaína.

San Sebastián y su área periférica están a la cabeza de una estructura urbana bien jerarquizada, en la que se distribuyen diversas funciones industriales, comerciales, de servicios y esparcimiento. Los principales equipamientos terciarios se concentran en San Sebastián y su periferia, a la que siguen Irún, Tolosa, Vergara, Zarauz, Eibar, Beasain, Mondragón, Zumarraga, Azpeitia y Villabona, por este orden.

En la capital donostiarra destacan las funciones financieras, de seguros, servicos personales, comerciales, de transportes, distribuyéndose por la periferia (Hernani, Pasajes, Rentería, Lezo, Oyarzun, Urnieta y Usurbil) actividades portuarias, industriales y pequeños sectores comerciales.

En cuanto al Lapurdi litoral, observamos que distintas unidades urbanas han formado una aglomeración a lo largo de unos 50 kms., que enlaza con el litoral guipuzcoano y que, sobre una superficie de unos 275 Kilómetros cuadrados, concentra el 75% de la población del País Vasco Norte y el 85% de la de Lapurdi. Aquí se suceden áreas urbanas contínuas, áreas mixtas y sectores rurales; sin embargo existe una continuidad de funciones y actividades bajo el papel rector de Bayona.

La realidad de este área urbana ha sido reconocida a efectos económicos, urbanísticos y estadísticos con la denominación de la llamada ZPIU (Zone de Peuplement Industrial ou Urbain), que se extiende por el Lapurdi litoral y un sector de la costa de las Landas, fuera ya del País Vasco Continental.

El desarrollo urbano y económico de Bayona y su área es debido a la facilidad de las comunicaciones, la actividad comercial e industrial, al papel desempeñado por su puerto, la proximidad de la frontera internacional y al fenómeno turístico.

En la estructura urbana del Lapurdi litoral hay que diferenciar un sector Norte, encabezado por el conjunto Bayona-Anglet-Biarritz, que enlaza con el área de Hossegor-Capbretón, en las Landas, y un sector Sur en el que aparecen distintas unidades como San Juan de Luz-Ciboure, que es la principal, Hendaya-Behobia, Bidart-Guethary, que se relacionan estrechamente con el área del Bidasoa, Oyarzun y Urumea. Las principales áreas industriales se localizan en Bayona, San Juan de Luz y Hendaya, destacando las actividades portuarias en tomo a Adour y al Nivelle.

Los ejes de comunicaciones más importantes de todo este subsistema se organizan en torno a la carretera y ferrocarril Madrid-Irún, que enlazan con los que atravesando el Lapurdi litoral siguen hasta París. Destaca la autopista Bilbao-Behobia y, en menor medida, la carretera y el ferrocarril que, siguiendo el Valle del Nervión, van a Miranda y que comunican a Bilbao con Madrid, La Rioja y Zaragoza. La autopista Bilbao-Miranda enlaza con esta red de comunicaciones y, cerca de Miranda, con la carretera de Madrid-Irún por Vitoria, la cual conectará con Málzaga con la autopista de Bilbao- Behobia-Bayona.

Quedan por señalar el ferrocarril y carretera que recorren las costas de Guipúzcoa y Vizcaya dirigiéndose hacia Santander. Las numerosas carreteras interiores guipuzcoanas y vizcaínas y las que partiendo de Bayona comunican el Lapurdi litoral con el interior del País Vasco Norte, Navarra y el resto del estado francés. Pequeñas líneas de ferrocarril complementan estas carreteras, sobresaliendo Hendaya como importante nudo ferroviario.

Finalmente hemos de considerar el papel desempeñado por el superpuerto de Bilbao, los puertos de Pasajes y Bayona y los aeropuertos de Sondica, Fuenterrabía y Biarritz-Parma.

En el subsistema interior sobresalen Vitoria y Pamplona. Vitoria debido a su espectacular crecimiento, ha pasado de ser una ciudad comercial y de servicos a convertirse en un importante centro financiero, comercial e industrial. Todo el espacio geográfico alavés, con la macrocefalia de Vitoria, se estructura en tomo a grandes ejes de comunicación como las líneas de carretera y ferrocarril Madrid-Irún y Bilbao-Miranda de Ebro, carreteras de Vitoria a Bilbao por Barázar y Munguía, la de Vitoria al Valle del Deva guipuzcoano por el puerto de Arlabán, la de Vitoria a Estella, la que atraviesa el sur de la provincia yendo de Miranda a Logroño, con un ramal hacia Haro y la autopista Bilbao-Vitoria. A todo esto hay que añadir el ae